La semilla del machismo

ANDRÉS CRESPO RICO SAN SEBASTIÁN

Sobre la reivindicación feminista acerca de la igualdad y la justicia frente al machismo dominante entristece contemplar una realidad que nos retrotrae a épocas feudales cuando no prehistóricas. Prácticamente está todo dicho, pero interesa incidir en un aspecto considerado tabú, que, a mi juicio, se sitúa en la base del problema. Me refiero al del miedo y la vergüenza, por parte del hombre, a ser víctima de su incompetencia ante la ternura que confunde con debilidad. Esta es a un tiempo semilla y es levadura del machismo, confundir la terneza, de la que la mujer es tan portadora natural como el hombre, con la flaqueza, pero sobre todo haciéndola depositaria exclusiva de la misma. Es el hombre el vergonzoso y vergonzante inventor del concepto sexo débil y el defensor de tal confusión en proporción a su temor por la pérdida de hegemonía en las instituciones, en las iglesias, en las empresas y en la familia, empezando por el tálamo. De ahí que la mujer conquistará todo lo que se merece cuando ella y el hombre equilibren poder y ternura de la que son igual y naturalmente portadores ambos. Porque los sentimientos tienen su origen en el cerebro sentiente y por ello no se sale de las batallas de la convivencia cuando perdemos la dureza, sino la valentía de ser entrañables.