El rostro humano de los derechos

La Agenda 2030 es la continuación del espíritu dela Declaración Universal, aprobada hoy hace 70 años por Naciones Unidas con la contribución clave de Eleonor Roosevelt

No puede haber desarrollo sin derechos humanos, al igual que no hay derechos humanos sin desarrollo. Más aún, la paz y la seguridad son imprescindibles para el desarrollo y el respeto de los derechos humanos. Hoy hace 70 años de la solemne aprobacion de la Declaración de los Derechos Humanos por la Asamblea General de las Naciones Unidas, reunida en París. Un acto que marcó un hito en el progreso de la Humanidad fijando un marco de respeto mínimo y de ambiciones máximas tanto para las personas como para el planeta.

La Agenda 2030 representa, precisamente, la continuación de aquel espíritu 'onusiano' para la paz, la seguridad y el progreso. En definitiva, los 17 objetivos para el Desarrollo Sostenible, con los que el Gobierno de España está plenamente comprometido, constituyen las bases del nuevo contrato social global para hacer realidad los 30 derechos básicos definidos en la Declaración Universal. Marcan el camino de la acción para la igualdad, paz, desarrollo y prosperidad.

Se trata una verdadera agenda de transformación. Sus objetivos nos involucran a todos en todo el mundo, como ya pregonaba hace 70 años Eleonor Roosevelt, conocida como la Primera Dama del mundo, quien mejor encarna la lucha para que la Humanidad se dotara de tan fundamental compromiso. Es una visión integral donde las personas ya no solo somos sujetos de derecho, sino también actores principales de las transformaciones que necesitamos. Las personas dejamos el rol de intérpretes secundarios para adoptar el de protagonistas.

Puede que las dificultades del día a día no nos dejen ver que vivimos el momento de mayor y más duradera paz en el mundo. Pero si oteamos bien en el horizonte percibiremos lo que han conseguido las organizaciones e instituciones multilaterales creadas después de la Segunda Guerra Mundial para preservar la paz, promover el desarrollo y defender los derechos y las libertades de todas y cada una de las personas.

Por ello, hoy es una de esas fechas clave en la construcción de un mundo más justo. De la imagen de la aprobación de la Declaración de los Derechos Humanos, el primer gran acuerdo mundial que marca el camino del respeto y la preservación de los derechos fundamentales, sobresale la figura de Eleonor Roosevelt, defendiendo ante los delegados en la Asamblea General el texto y consiguiendo que fuera aprobado por unanimidad. Aquel esfuerzo colectivo de lucha por asentar los derechos y las libertades está nuevamente de relieve. Hoy, como hace siete décadas, el multilateralismo es nuestra mejor opción para la gestión de los problemas y los desafíos de todos, de vida y lucha colectiva. Y la apuesta ideal por un desarrollo sostenible que no deje a nadie atrás.

Por eso, y por tan relevante aniversario, es imprescindible poner en valor la figura de Eleonor Roosevelt, quien, desde sus distintas facetas, siempre trabajó por las personas y por los derechos de cada una de ellas. Un gran personaje público, pero sobre todo una líder siempre al frente de la lucha y la reivindicación social. Una mujer clave en la defensa de la universalidad de los derechos de las personas.

Escritora, diplomática, periodista, política y activista, siempre comprometida en el sentido más amplio de la palabra. Fue una campeona mundial de la lucha por la justicia social. Su incansable reivindicación por la igualdad de hombres y mujeres, pionera en la defensa de los derechos de los afroamericanos, de los trabajadores y trabajadoras, de los pobres, de los jóvenes y de los refugiados, la convirtieron en una líder excepcional.

«El mundo del futuro está en nuestras manos. Mañana es ahora», decía. Una frase que resume y enmarca muy bien lo que significa la Agenda 2030: una hoja de ruta hacia el mundo que queremos y que estamos construyendo ya.

Eleanor Roosevelt ejerció su liderazgo en cada momento de su vida: rompió clichés y moldes, fue la primera mujer, en 1940, en poder hablar en una convención nacional del Partido Demócrata, e incluso, tras convertirse en la primera dama del presidente estadounidense, impulsó su propia agenda vinculada a su lucha.

Tras la muerte de su marido, el presidente Roosevelt, en 1945, decidió retirarse de la vida política. Pero en ese momento, con una ONU que se acabada de crear en San Francisco tras la Segunda Guerra Mundial, el presidente Truman le pidió que volviera a la primera línea de la actividad pública como su delegada ante las Naciones Unidas. Su contribución a la negociación, redacción y proclamación de la Declaración es, sin duda, su mayor legado político. «Vivir y trabajar en nuestros países por la libertad y la justicia para cada ser humano», en sus propias palabras, es por lo que pasará a la historia de la Humanidad.

Para ella, los derechos humanos se iniciaban «en lugares pequeños, cercanos a casa, tan cercanos y tan pequeños que no se pueden ver en ningún mapamundi», una acción colectiva que hoy retomamos a través de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. No me cabe duda de que Eleanor habría asumido y defendido los 17 Objetivos como propios.Tomemos las palabras de esta gran dama. Sigamos su ejemplo. Soñemos en la belleza de la tarea de hacer de este mundo un lugar sostenible, donde todas las personas puedan desarrollar su proyecto de vida. «El futuro pertenece a quienes creen en la belleza de sus sueños», son las palabras que mejor definen su ambición transformadora.

 

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