El 112 no responde

JUAN MARI MAÑERO

El pasado sábado, sobre las 15.00 horas, mi padre de 83 años sufrió un ictus, cayó al suelo y se golpeó la cabeza con el suelo de su casa. Estaba inconsciente y sangrando abundantemente. Llamé al 112 y tardaron en coger el teléfono 8 minutos y 19 segundos eternos. Entre tanto, sonaba a todo volumen la música de Vivaldi y una locución: «Nuestras líneas están ocupadas. Le atenderemos en breves momentos. Muchas gracias». Me resulta incomprensible que el número único de emergencias para toda la Comunidad tenga semejante carencia de atención. No es la primera vez que me ocurre una situación similar. Una vez descolgado el teléfono, la angustia continuó. No había ambulancias libres en San Sebastián y fue finalmente una que venía de Zarautz la que se trasladó hasta el domicilio de mi padre en Donostia. Desde que marcamos la primera vez, hasta que fue atendido, -por cierto, aún siendo un ictus, sin demasiada celeridad-, pasó cerca de media hora. El caos de emergencias se acentúa cuando los operadores no conocen el callejero y confunden las calles y los barrios de San Sebastián. El Hospital Universitario Donostia tampoco fue informado de la llegada de un paciente en estado grave, algo que está establecido en el protocolo. Una vez en Urgencias, la atención de la Unidad de Ictus del Hospital fue excepcional. De nada sirve tener un complejo hospitalario de primer nivel si el teléfono de emergencias no es atendido en tiempo y forma, hay un número insuficiente de recursos y estos están lo suficientemente lejos del suceso, ajenos a la sensibilidad geográfica del lugar.