En reconocimiento a un gran obispo

José María Setién trató de ir más allá de una mera condena de la violencia, defendiendo el diálogo y afirmando la identidad del Pueblo Vasco

EIDER MENDOZAPresidenta de las Juntas Generales de Gipuzkoa

Se nos ha ido un gran obispo. Nos queda su testimonio cristiano y humano. En la muerte de José María Setién Alberro se alza una vida fecunda al servicio de la Iglesia en Gipuzkoa. Setién fue un obispo vasco, como él se definió, un obispo que amó y se entregó a la Diócesis de Donostia y al Pueblo Vasco movido por su fe y la causa del Evangelio, difundiendo sus valores humanizadores y pacificadores en nuestra sociedad. Aunque es imposible analizar su extensa obra en estas líneas, sí quisiera trazar algunas líneas de su trayectoria.

A lo largo de sus tres décadas de ministerio episcopal volcó en Gipuzkoa el espíritu del Concilio Vaticano II, trasladando la visión de la Iglesia católica universal a esta Iglesia local, en la Diócesis guipuzcoana, con el lema «No me avergüenzo del Evangelio», que acompañaba a la cruz de Orreaga en su sello episcopal y guió su ministerio desde 1979.

A pesar de su gran capacidad intelectual, me parece reseñable la importancia que Setién concedía al trabajo en equipo. Solía decir que él no partía de cero. Tenía en gran consideración la labor de quienes le precedieron y la contribución de tantas personas de su entorno, a la vez que valoraba muy mucho a sus colaboradores diocesanos y al pueblo cristiano de Gipuzkoa. Destaca el trabajo en común con los otros obispos de las diócesis vascas unidos por una misma realidad eclesial y social.

En lo referente al hecho vasco, Setién resistió con una fortaleza nada común los embates político-mediáticos, incluso eclesiales, que no le perdonaron la fidelidad a su conciencia y a la realidad de este Pueblo. Trató de ir más allá de una mera condena de la violencia, defendiendo el diálogo, afirmando la identidad del Pueblo Vasco y la paz como respuesta a la voluntad política del pueblo vasco con derecho a ser paulatinamente dueño de sí mismo. Fue la suya una deslegitimación radical de la violencia, tanto de ETA como de los GAL y de los excesos del Estado, un no rotundo al asesinato y a la tortura.

Setién siempre alzó la voz a favor de la dignidad humana, también ante la pobreza y la exclusión social: personas sin hogar, jóvenes que sucumbieron a la droga, enfermos de SIDA que morían en la calle, pueblos del tercer mundo y misiones, personas enfermas, hombres y mujeres presos… Todo un mundo sufriente y una respuesta diocesana en colaboración con las instituciones forales y municipales, a favor de una Gipuzkoa más digna y justa.

Azken hitzak euskaraz, Setien gotzainak Gipuzkoako elizan zaindu zuen hizkuntzan. Neurri handian sekulartutako gure gizartean, fedea eta kultura elkarrizketan eta elkarlanean ari daitezkeela erakutsi du Setienek, bakoitza bere autonomiaz eta heldutasunez, herriaren ona bilatzen bat eginda. Berri on ugari utzi du Gipuzkoan eta Euskal Herrian Jose Maria Setien Alberrok. Esker ona berari. Goian bego.

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