De Rajoy a Zizou

El fútbol nos da lecciones de alta política. Tan importante como perder es saber retirarse a tiempo

Álvaro Bermejo
ÁLVARO BERMEJO

Vísperas del Corpus Christi. Alfombras floridas en media España. Ríos de lava estilo Kilauea bajando por las Cortes. Tuve ocasión de verificarlo desde el chalé de mis suegros, aquí, en Madrid. Viven en una colonia del centro en otro tiempo discreta, hoy codiciada por todo el cuché nacional. Un día te cruzas con Aitana Sánchez-Gijón en bicicleta, otro con la sombra de Aute. La infanta Elena se mudó, cuentan que el nuevo ocupa se parece mucho a Richard Gere.

En cualquier caso, la estrella del día era nuestra vecina, la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría. Santa Providencia, qué colisión de Audis blindados a la puerta de palacio. A diez horas de la moción de censura, allá se había congregado medio Gobierno.

Crucé una mirada con los secretas nada secretos que mataban las horas comiendo pipas. Ellos desviaron la suya hacia los rostros que iban apareciendo. Caras de entierro, novios de la muerte. La comitiva de Audis sale a escape. ¿Hacia La Moncloa? Era de temer, por su aspecto, que eligieran la ruta de la Almudena, donde el cementerio.

El deceso se confirmó al día siguiente. Cayó Rajoy. El Corpus Christi vuelto Ecce Homo a causa de los escándalos de corrupción que hacían insostenible su Gobierno. El camarada Sánchez se dispone a subir a los cielos. Sostenido por las rectas conciencias de Podemos. Por los soberanistas que coronan neonazis catalanes. Todos sacando pecho, como los Incorruptibles de Eliot Ness.

En eso una dimisión se solapa con otra. Zinedine Zidane, el de las tres Champions consecutivas, dice que se va. Y lo hace a su manera, sin perder la sonrisa, sin levantar la voz. «Para que este equipo siga ganando es necesario un cambio». Se puede ser más locuaz pero no más elegante. Un patriota del Real Madrid, nacido en Marsella. Vuelvo a cambiar de canal. Veo el rostro de Rajoy, el de Sánchez, el de Iglesias. ¿Tendremos algún día un presidente de Gobierno a la altura de Zizou?

A veces el fútbol nos sirve lecciones de alta política. Hay quien hasta perdiendo gana. Porque tan importante como saber perder es saber retirarse a tiempo. Rajoy sale con tarjeta roja. Entra Sánchez como titular, pero con medio equipo a la contra. ¿No es esto como dejar el país en las manos del portero del Liverpool?

Vuelvo al lugar del crimen. Lucre, mi garganta profunda -noventa años controlando la colonia-, sube con su carrito por la acera de Soraya. ¿De qué hablaban los polis a la puerta?, le pregunto. Están muy afectados -me responde-.

Lo de Zidane les ha partido el alma.

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