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Las primeras huelgas contra ETA

Queda el triste convencimiento de que si el rechazo al terrorismo hubiera sido público, generalizado y temprano, la banda habría desaparecido antes

Las primeras huelgas contra ETA
RAÚL LÓPEZ ROMO

La huelga es una herramienta tradicional del movimiento obrero. Durante las largas décadas del franquismo los sindicatos de clase recurrieron a ese instrumento para luchar por sus demandas. Fueron legalizados en la Transición y la Constitución de 1978 recogió en su artículo 28 el derecho a la huelga. Atrás quedaba el decreto ley sobre represión del bandidaje y terrorismo, de 1968, promulgado al calor del asesinato por ETA de Melitón Manzanas. Había restablecido que los huelguistas serían «reos de delito de rebelión militar» si perseguían un fin político o causaban graves trastornos de orden público. Esto no pudo impedir que dos de los mayores paros durante la recta final de la dictadura fueran muestras de solidaridad con miembros de ETA: el primero, con los procesados en el Consejo de Guerra de Burgos de diciembre de 1970; el segundo, con los dos polimilis y los tres militantes del FRAP fusilados en septiembre de 1975.