Presupuestos

MARÍA MAIZKURRENA

La noria de los Presupuestos da vueltas en el aire, papel, letra y espíritu, con su envoltorio de críticas y defensas mejor o peor razonadas. Los Presupuestos del Gobierno son, de momento, un borrador que ha recalado en Bruselas a esperar la decisión que lo ponga de nuevo en marcha. Entonces seguirá su viaje, impulsado por un empeño de encarnación que muchos quieren estorbar. Nunca unos Presupuestos habían vivido tal aventura, aunque haya habido otros anteriormente estorbados. Hay juegos de amenazas y exigencias y juego sucio en varios frentes. El juego sucio, además, está potenciado por una generalización de la mentira en el juego político. Dice Paul Krugman que antes los políticos tergiversaban la verdad, alterando la relación entre datos, pero que ahora sencillamente mienten. Krugman habla de su país, pero como la clase política española, mejor dicho, una parte de ella, parece copiar fervorosamente las tácticas de los republicanos, podemos suponer que las falacias pululan en los discursos de los políticos españoles o de una parte de los mismos. ¿Sobre qué mienten los republicanos?, se pregunta Krugman. Y responde: «Sobre muchas cosas, desde el tamaño de las multitudes hasta la delincuencia perpetrada por inmigrantes». Pero la gran montaña de mentira se ha depositado sobre la asistencia sanitaria. El Partido Republicano ha hecho todo lo posible para que no entren en vigor las medidas que extienden la cobertura a más gente y que impiden a las compañías de seguros discriminar a las personas que ya están enfermas. Después de haber hecho lo cual (o al tiempo), como el Obamacare y su sucesor el ACA es ampliamente apreciado por los norteamericanos, los republicanos se presentan como sus acérrimos defensores y acusan al Partido Demócrata de querer destruirlo. Cualquier parecido con otro país ¿es mera coincidencia?

En España hay grandes defensores de las políticas sociales a quienes no les gustan los Presupuestos que contemplan medidas sociales. Ellos prefieren las medidas sociales sin presupuesto. Pablo Casado augura el apocalipsis y ha dejado ver su espanto ante la subida del salario mínimo interprofesional a 900 euros. Si como dice, esto no es posible ¿toda la compleja organización de una sociedad moderna y las funciones reguladoras del Estado sólo han de servir para que ganen dinero las rentas del capital? ¿Las empresas que utilizan los recursos de esa sociedad y las garantías legales que brinda un Estado sostenido con los impuestos de los asalariados realmente necesitan que éstos sean pobres? Subir la renta mínima es un intento de ponerle coto a la miseria.

Esa catastrófica subida generalizada de los salarios que ve Casado en el horizonte entre otras catástrofes, esas colas de osados trabajadores pidiendo ascensos me parece mucho presuponer en los tiempos que vivimos.

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