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Pobreza invernal

Es sobrecogedor pensar que bajo su sonrisa amable y apunte estoico subyaga una humildad avergonzada

Javier Sabadell
JAVIER SABADELL

Se los encuentra en la entrada de los supermercados, dando amablemente los buenos días o las buenas tardes. Son pobres, pero piden cuando sienten necesidad y no encuentran en las miradas ajenas la suficiente compasión. Es sobrecogedor pensar que bajo su sonrisa amable y el apunte estoico subyaga una humildad avergonzada. A veces me pregunto por qué no pasan adentro cuando disponen de algún dinero para comprar lo que necesitan. Pero, tonto de mí, la respuesta es obvia: ¿quién les va a permitir entrar a un lugar donde todo es limpio, ordenado y luminoso si ellos encarnan la suciedad, el desorden y la negrura? Alguien dijo una vez que los pobres molestan muchísimo, en todas las ocasiones. Tal vez por eso se quedan fuera, como los perros, con la diferencia de que a los perros se les acaricia y quiere. A los pobres se los apalea y detesta por lo que son.

 

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