Piensen lo que quieran...

ELENA MORENO SCHEREDE

Desde las más altas instancias se había anunciado la sentencia que incluía premio en metálico, presencia de autoridades y descorche de cava para los ciudadanos. La ley, esa luz que brillaba en la oscuridad, la esperanza de defensa o lucha, se acercó al pueblo para entregarle lo que se sospechaba le pertenecía y emitió una sentencia favorable que duro lo que un merengue a la puerta de una escuela. Hubo en el aire un temprano y brevísimo olor a triunfo. La carrera parecía ganada y los viejos atletas, cuyos espinazos, debido a la carga soportada se combaban casi vencidos, tenían ganas de descansar. 23 largos años de una ley que cargaba la norma de aplicar un goloso impuesto a quien se beneficiaba de la hipoteca eran demasiados.

Sin embargo, ninguna legislatura de ningún gobierno, popular o socialista, la había afrontado desde que el ministro socialista Pedro Solbes la firmó; la financiación de las autonomías era compleja. Cerca de la meta se habían instalado autoridades financieras, legislativas y políticos. Se vigilaban sonrientes o contritos, tan dados ellos a conservar los lugares cuyos encuadres favorecieran su fotogenia. Pero el poderoso tribunal se retractó recordándome la pena que me daba arruinar a mi hermana cuando caía tres veces seguidas en el Paseo del Prado de mi Monopoly. Volvíamos al punto de partida.

Los expertos en equilibrios financieros, asomados al balcón de la Bolsa advirtieron a quien procedía que se encendían las luces rojas del árbol de los dividendos demostrando la cobardía de ese dinero que nunca debió anunciarse que cambiaría de manos. La banca, ese sector tan respetado, que no respetable, tan poco azotado por las leyes españolas carraspeó y los políticos, empezaron a temblar. Y a partir de ahí piensen ustedes lo que quieran, que yo soy muy mal pensada.… Los acontecimientos que se encadenan misteriosamente para empezar y acabar en el mismo punto me levantan sospechas. Cuando hay un bueno que vence al malo con un apretón de manos y una declaración en plan «Lo que el viento se llevó» con fanfarria de convocatorias para manifestarse frente al tribunal dubitativo y nadie va a pagar la factura, mi mosca revolotea en la oreja. La banca no pierde, incluso si se remedan, a golpe de decreto las leyes confeccionadas a toda prisa por el apremio de la Unión Europea hace 23 años. Hay dos cosas que afectan al corazón de la democracia; la desconfianza en una justicia que se desautoriza, desacredita ella sola y otra, el poco tiempo que les queda para trabajar, es decir confeccionar leyes con cabeza, a estos políticos sobrevalorados que están de elecciones de enero a junio y el resto de vacaciones. Muy mal señores. No sé cuál será la siguiente chincheta que se nos clave en el zapato, quizás esa cacareada exhumación para la que tampoco se ha legislado.

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