Pensar antes de actuar

Ignacio Marco-Gardoqui
IGNACIO MARCO-GARDOQUI

El apasionante debate sobre el tratamiento fiscal a aplicar al diésel es un magnífico ejemplo de cómo no se debe de plantear un debate. En primer lugar, por recurrir de entrada y de manera aparatosa al trazo grueso: «el diésel contamina mucho y debe de ser castigado fiscalmente para disuadir su utilización». La frase no es textual, pero no se desvía un ápice de la intención del presidente Sánchez, pero sí de la de la ministra de Industria. Una afirmación que necesita tantos matices que se convierte en falsa. Hasta la propia ministra para la transición energética ha tenido que salir para aportar algo de claridad y rigor. El diésel emite mucho menos CO2 que las gasolinas, por lo que es menos perjudicial para el calentamiento global. A cambio, expele más Nox, lo que perjudica al aire de nuestras ciudades más congestionadas. Es decir, como todo en esta vida tiene su lado bueno y su lado malo, pero de ahí a demonizarlo...

Como es natural, este tipo de declaraciones impactan en los ciudadanos -por eso los fabricantes se preparan para dar la batalla- y se retraen las compras de vehículos con motor diésel. Me temo que no tanto por un súbito desarrollo de la conciencia ecológica, sino más bien por un mero cálculo económico: Si me van a gravar más el combustible y me va a caer el valor residual del vehículo cuando lo venda, quizás sea mejor evitar el peligro y pasarme a la gasolina.

Lo malo es que nadie en el gobierno sabía, ni preguntó a quienes sabían, que en España fabricamos 1,2 millones de coches con motor diésel y que los descensos de la demanda afectan directamente a la producción -hasta ahí, ¿Qué mas da, no? peor para las multinacionales que son malas -, y ¡al empleo! Ahí pinchamos en hueso, saltan las alarmas, aparecen las protestas y empiezan las contradicciones.

No es un caso aislado. Exactamente lo mismo ha sucedido con el contrato de suministro de las bombas que íbamos a mandar a Arabia Saudita y que en un elevado alarde de pacifismo decidimos incumplir. Hasta que nos dimos cuenta de que había media docena de fragatas con el mismo destino y con 6.000 trabajadores detrás...

¿Podría alguien pensar un rato antes de actuar tan torpemente?

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