El padre invisible

SANTANDER

El Día del Padre en España es, desde hace ya mucho tiempo, poco menos que anecdótico. No hace falta más que ver algún anuncio en televisión y darse cuenta de que se acuerda uno antes de los compañeros de pilates que de ese señor invisible que está sentado en un sitio discreto y que, lleno de orgullo, seguramente le pagó los estudios. La cuestión es que, a excepción de la Comunidad Valenciana, el Día del Padre es una fecha con la que se juega en el calendario. Cuando conviene es festivo y cuando no, laborable. Concretamente este año el 19 de marzo es día feriado en menos de un tercio del total de las comunidades y ciudades autónomas. ¿No sería apropiado trasladar el Día del Padre a un domingo? Recordemos que el Día de la Madre ya se cambió en España hace más de cincuenta años al primer domingo de mayo (anteriormente se celebraba el 8 de diciembre). La mayoría de países europeos e iberoamericanos festejan el Día del Padre el tercer domingo de junio. Esto permite que los hijos puedan reunirse con sus padres en una jornada festiva sin colegios ni obligaciones laborales que lo impidan. Además, se mostraría una especial sensibilidad hacia los padres con régimen de custodia compartida. Conformarse con recibir un dibujo por WhatsApp no es la mejor manera de celebrar un día tan especial. Han pasado solo unos pocos días desde el 8 de marzo, pero que nadie entienda que esta petición está detrás de revanchismos o posturas sexistas. Nada más lejos de la realidad. Precisamente lo que se busca es la igualdad en derechos y oportunidades en el entorno familiar. No se trata de una reivindicación exclusiva de los hombres, sino inclusiva de una sociedad más justa que dé visibilidad a este día porque... ser padre, de verdad compensa.