Pactos de desgaste

FÉLIX MONTERO

El 22 de julio tendrá lugar la investidura de Pedro Sánchez, que todo indica que será fallida. La nueva política española madura a fuego lento y le cuesta digerir los pactos postelectorales. Parece que vivimos en un continuo 2016 con los partidos suscritos a la bloqueo institucional. Si ninguno de los principales actores mueve sus posiciones, estaremos a destinados a una incomprensible repetición electoral. Sánchez debe entender que es el encargado de negociar su investidura. Es inconcebible la arrogancia con la que el PSOE está planteando las negociaciones. El candidato tendría que ser un actor activo durante el proceso de pactos. Sánchez, por mucho que le convengan nuevas elecciones, no puede esperar una lluvia de cheques en blanco.

El PSOE debería mover ficha en las negociaciones, su ambición no puede consistir en esperar la abstención de la derecha. Sin embargo, en Ferraz son conscientes del peligro que conlleva un gobierno de coalición con Unidas Podemos. Compartir Consejo de Ministros con la formación morada impediría a Sánchez la posibilidad de virar a la derecha ante futuros acuerdos. El Supremo y la sentencia del procés también coartan las posibilidades de una coalición. El PSOE sabe que no podría permitirse la imagen de un ministro de Podemos ingresando en prisión para visitar a un líder independentista. El esperpento sería infinitamente mayor cuando la estabilidad de esa coalición dependiera de las fuerzas secesionistas, ahora con disfraz de cordero.

Sánchez debe resolver esta encrucijada y decidir qué quiere ser de mayor. El PSOE puede apostar por leves mejoras tecnócratas basculando a izquierda y derecha. Pero también podría arriesgarse a culminar su giro a la izquierda, asumiendo a Podemos y los independentistas como compañeros de viaje. La primera opción podría provocar un enfado del electorado; la segunda, en cambio, sería inaceptable para algunos barones territoriales, todavía con el recuerdo de aquel Comité Federal. Sánchez debe tener altura política y plantear con claridad por qué opción quiere decantarse. Apostar por unas segundas elecciones solo evidenciaría su ineptitud negociadora.

En caso de repetición electoral, Iglesias es quien más arriesga. Unidas Podemos quedaría muy debilitado ante una futura negociación con el PSOE. No ceder ante el «gobierno de cooperación» propuesto por el PSOE sirve para demostrar pureza ideológica, pero puede significar el fin de Iglesias como secretario general. Tal vez también lleve a relegar al partido a la posición histórica de IU. Y, aún más, cuando las posibles elecciones de noviembre podrían contar con el movimiento transversal 'cincostelliano' de Errejón.

Sánchez yerra al asumir la estrategia del desgaste. El PSOE ha evidenciado una habilidad implacable para ganar; no obstante, su grandeza debería consistir en demostrar capacidades para gobernar, que no puede ser un fin en si mismo. Presidir un país supone llegar a pactos con distintas fuerzas políticas, pero hay que tener claro el fin de esos pactos. La pregunta que tiene que responder la ejecutiva socialista es para qué quiere gobernar. Y, a partir de ahí, tejer las alianzas necesarias con valentía.