OTROS OJOS

RAMON ETXEZARRETAPLAZA DE GIPUZKOA

La irrupción mediática de la ultraderecha me aterra. Me aterra más que la propia irrupción política, pues esta ahí estaba y juraría que salvo que se la cebe y se la alimente, no guarda proporción alguna con los centímetros de tinta y metros de imágenes que ha acaparado. Ahi están. Ahí están y no les aplaudamos, ahí están y no dejemos de observarles, ahí están pero no les hagamos creer que nos despierten interés alguno. Consideremos el peligro mortal de una fiera y no el riesgo espectacular de un animal de circo.

La insolidaridad de un mundo sin impuestos, la tábula rasa de una educación desconsiderada con lo singular, la libertad sexual del más fuerte, la justicia social para los pudientes, la supresión de la libertad religiosa, una libertad de circulación equiparable al tráfico de esclavos, no aborto, no divorcio, no ayudas, no inmigrantes, no becas, no autonomías, no a la modernidad, no a la razón, no a la política. Aterra.

También aterran, y mucho, quienes piensan en ello como fenómeno exclusivo español, por tanto no vasco, y son, en su obstinación nacional, incapaces de ver la dimensión europea y mundial de esa ola que se nos agiganta día a día, EEUU, Italia, estados europeos varios, la inminencia brasileña.

Quiero secundar el llamado de Manuel Castells que considera que somos miles de personas en el mundo con la suficiente autoridad moral para exigir que en Brasil no se vote a quien ha podido decir a una diputada que «no merece ser violada por él», que el problema de la dictadura no fuera la tortura sino que no matara en lugar de torturar. Tenemos que decir que no al racismo, a la xenofobia, a la misoginia y al sexismo, aunque no sea españolas, aunque haya vascos de por medio. Otra mirada, por favor.

 

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