Mujeres deportistas. Ellas lo tienen claro. ¿Y el resto?

Los avances, si algo nos enseñan, es que los cambios son posibles si hay compromisos, responsabilidad, voluntad, convencimiento y, sobre todo, si se ponen herramientas y recursos

Mujeres deportistas. Ellas lo tienen claro. ¿Y el resto?
IZASKUN LANDAIDA DIRECTORA DE EMAKUNDE

Sin duda, se han dado pasos en los últimos tiempos en la visibilización y valoración del deporte femenino. Se han batido records de asistencia a un partido de fútbol femenino, los medios de comunicación nos hablan hoy más que ayer de importantes competiciones de baloncesto, balonmano o tenis protagonizadas por mujeres, y existe una expectación no conocida con anterioridad ante una final de Copa de fútbol femenino, por poner algunos ejemplos.

Hay que analizar la evolución con optimismo -no podríamos seguir trabajando diariamente a favor de la igualdad de mujeres y hombres si no contáramos con importantes dosis de optimismo - y, sobre todo, reconociendo el enorme esfuerzo realizado por las propias mujeres deportistas que siguen superando diariamente todo tipo de adversidades para desarrollar su carrera deportiva. Pero hay que ser realistas y aprovechar esta evolución de los últimos años para aprender lecciones que nos ayuden a seguir dando pasos firmes. Y es que los avances, si algo nos enseñan, es que los cambios son posibles si hay compromiso, responsabilidad, voluntad, convencimiento, y, sobre todo, si se ponen herramientas y recursos para lograr los objetivos deseados.

Algunos pasos destacables, acciones concretas, han impulsado la visibilización del deporte femenino, y se ha visto que estas apuestas decididas por impulsarlo han contribuido a obtener una respuesta positiva por parte de la sociedad, aumentado la valoración del mismo. Por ejemplo, se podría decir que hoy, el fútbol, el baloncesto o el balonmano femeninos existen en los medios de comunicación, pero como revelan los estudios y las propias deportistas constatan, la brecha entre el deporte femenino y el masculino sigue siendo abismal. Porque lo cierto es que la desigualdad estructural entre mujeres y hombres que persiste en nuestra sociedad sigue estando muy presente en el deporte. A pesar de los pasos dados, las mujeres deportistas siguen estando mayormente en segundo plano e infrarrepresentadas en los medios de comunicación y cuando son protagonistas aparecen a menudo estereotipadas en roles sexistas; las mujeres deportistas siguen cobrando menos y tienen muchas menos posibilidades de vivir del deporte; las jóvenes encuentran muros a veces infranqueables en su camino hacia una carrera deportiva.

Se han dado pasos, sí, y constatamos a cada paso que cuando se ponen medios, mejoran las condiciones de las deportistas y el público, además, responde; que cuando visibilizamos el deporte femenino estamos contribuyendo a crear referentes para las chicas jóvenes y estamos apoyando el empoderamiento de las nuevas generaciones. En ese sentido, la lección es clara. Pero si bien son importantes las acciones o medidas puntuales, los cambios han de ser estructurales, tienen que ir a la raíz del problema, y deben pivotar sobre la inclusión de la perspectiva de género en las políticas de gestión de la actividad física y el deporte para garantizar la plena igualdad de acceso, participación y representación de las mujeres a todos los niveles: como deportistas, pero también como gestoras, dirigentes, entrenadoras, técnicas, juezas etc.

Para ello es necesario trabajar en todos los ámbitos y niveles, de manera transversal y en red. Hay que seguir trabajando desde la administración, desde las empresas, desde las escuelas, desde las federaciones, desde los clubes, desde los medios de comunicación, desde las familias, desde la calle; es necesario impulsar estrategias coeducativas en el ámbito escolar y deportivo para facilitar la incorporación y permanencia de chicas y de chicos en todo tipo de actividades deportivas, para que las niñas reciban estímulos que les hagan pensar que este también puede ser su espacio si así lo desean; y es necesario el compromiso de los clubes. En este sentido, hay que aplaudir las estrategias y planes de igualdad que se están impulsando desde diferentes entidades deportivas, con diversos apoyos, y que están dando sus frutos. Este es el camino.

El papel de los medios de comunicación, sin duda, es también clave. El deporte tiene una gran capacidad socializadora y su difusión masiva por parte de los medios un gran potencial en la construcción de nuestros valores. En este sentido, siendo consciente de lo que queda por hacer, quiero poner en valor el trabajo realizado durante todo el año pasado por los medios de comunicación y agencias de publicidad que forman la Red Begira que impulsa Emakunde. Un año en el que, a través de un trabajo participativo y basado en la autorregulación, se han dedicado a analizar, debatir, formarse y crear materiales sobre cómo avanzar en la inclusión de la perspectiva de género en las informaciones deportivas y en la publicidad vinculada al deporte.

El deporte y la actividad física, por su potencialidad educativa y mediática, pueden constituir también un motor de cambio social y contribuir a promover la igualdad entre mujeres y hombres. Es posible utilizar el deporte y el ejercicio físico con el fin de superar prejuicios y estereotipos. En la propia Agenda 2030 para Desarrollo Sostenible de la ONU se reconoce explícitamente que el deporte es un facilitador importante para el desarrollo y el empoderamiento de las mujeres. Por ello hay que avanzar en la incorporación de la perspectiva de género al deporte. Es, además de una cuestión de derechos humanos y de justicia, una oportunidad para la innovación y mejora para las entidades deportivas y está estrechamente vinculado con la excelencia en la gestión y los resultados. Las mujeres deportistas lo tienen claro. Debemos preguntarnos si el resto también.