Morir es rejuvenecer

JAVIER POSTIGOSAN SEBASTIÁN

La foto de los finados en las esquelas ayudan a reconocer al difunto: este era del barrio, ese otro tuvo un comercio... o ni idea. Casi sobran los nombres. Sin embargo, con frecuencia aparece una persona que nos deja con noventa añitos y en la foto aparenta cincuenta. Claro que si te fijas en el cardao o en el tupé, descubres que la foto es de finales de los ochenta, «en lo mejor de la vida». La cuestión es si quien contrata el seguro de deceso en la compañía 'larga vida' deja claro qué caja quiere, qué flores y qué esquela con la foto precisa (sin saber qué año lo utilizaran), o si son los familiares quienes deciden recordarle el día de la Primera Comunión de la nieta, el que se casó o cuando estuvo en Benidorm. Morir rejuvenece, aunque tarde.