MONTA Y DOMA DE LA NORIA NAVIDEÑA

Alberto Moyano
ALBERTO MOYANO

Hay que reconocer que si hace un par de meses nos hubieran propuesto formar una frase con las palabras «noria navideña», «Mongolia», «bombero» y «trabajos verticales» la mayor parte de nosotros hubiera tirado la toalla antes de empezar. Demasiados elementos desconectados entre sí. Bueno, hasta que se han dado cita en Alderdi Eder, en una formulación que obliga a preguntarse cuán profundas han de ser las galerías subterráneas del mercado laboral como para albergar en sus entrañas una especie de subcontrata séptica con cuatro empleados mongoles o un quinto chino que opera por Francia -y ahora también por Donostia- en el montaje y desmontaje de atracciones de feria verticales, al parecer, sin ningún tipo de permiso.

Y admirable también la ya inmortal 'apertura Ijentea', magistralmente ejecutada por el Ayuntamiento donostiarra, que raudo se quitó de en medio alegando que el contrato con la empresa propietaria se extinguió el domingo y que de la operación de repliegue de la noria no sabe nada. Aquí muere un mito: el de 'la ciudad educadora en valores' porque, quieras que no, todas estas tropelías han sucedido en territorio donostiarra, por encargo del consistorio donostiarra y se diría que ante sus mismísimas narices donostiarras.

Y ha habido suerte porque parece ser que el improbable grupo de operarios sorprendido por un bombero en flagrante irregularidad laboral es el mismo que se había encargado de montarla, es decir, el pequeño drama nos ha estallado dos meses y 90.000 usuarios después. El año que viene pondrán otra noria aún más grande y eso que ésta ha cubierto los 8.000 kilómetros que separan Donostia de Ulán Bator. Estoy convencido de que donostiarras y visitantes aceptarán encantados que suban el precio de la entrada a seis o incluso a siete euros, a cambio una subcontrata que explote sin piedad a sus trabajadores, pero en condiciones dignas.