Migración y salud mental

MIGUEL GUTIÉRREZ FRAILECatedrático de Psiquiatría de la UPV

La sobredimensión del fenómeno migratorio, la rapidez de su instauración y el número masivo de afluencia de inmigrantes, con lo que esto supone de dificultad para dar tiempo a su integración o al menos aceptación, genera que parte de la población viva este fenómeno con temor y recelo, creando falsos estereotipos que ligan inmigrante irregular con marginalidad, delincuencia, prostitución, tráfico de drogas, etc. Ciertamente, recientes sucesos parece que se contraponen en los sentimientos de la población. Por una parte la tragedia de los miles de ahogados, niños incluidos, abandonados en plena mar a su suerte, que mueve muchas conciencias y por otra, asaltos muy violentos a fronteras establecidas con numerosas víctimas entre los inmigrantes y las fuerzas de orden público, conductas que para la mayoría de la población resultan inaceptables.

El problema es muy complejo, y a juicio de muchos expertos, plantea diferentes cuestiones aún sin resolver. ¿Existe un derecho a emigrar? ¿Por qué emigra la gente? ¿Qué efectos provoca la emigración? ¿Cómo asumimos el fenómeno migratorio? ¿La globalización fomenta la emigración? Problemas de ayer y de hoy. Siempre ha habido inmigrantes. Recordemos, entre nosotros, la emigración condicionada por las minas y el desarrollo metalúrgico desde finales del siglo XIX, los inmigrantes procedentes de zonas rurales de pauperadas con enormes e intolerables desequilibrios sociales que se incorporaron al desarrollo industrial de nuestro territorio a mediados del siglo pasado, y el actual movimiento migratorio, ya francamente internacionalizado y que afecta a todo el mundo. Hemos emigrado por razones económicas a principios del siglo XX, por razones políticas, exiliados-refugiados víctimas de la Guerra Civil de 1936-39, emigrantes económicos hacia Europa y América a mediados del siglo pasado desde una sociedad también culturalmente pobre.

Son muchas cuestiones las que podríamos plantearnos acerca de este problema. En el ámbito de nuestra experiencia, la psiquiatría transcultural estudia la influencia de los factores culturales en la génesis y expresión de la enfermedad mental, asume valores culturales diferentes, creencias y comportamientos para proveer cuidados específicos a quien lo necesite. ¿Qué efectos desde el punto de vista psíquico provoca la emigración en las personas? A través de la psiquiatría transcultural, sabemos que la migración, per se no genera trastorno mental alguno, sin embargo, sí constituye un factor de riesgo para la salud, sobre todo psicológica, al relacionarse frecuentemente con conflictos culturales entre diferentes escalas de valores, con marginación social, inestabilidad familiar, restricciones económicas, etc.

El riesgo de aparición y la forma de expresión de trastornos psíquicos entre los emigrantes estarán determinados sobre todo por una predisposición o vulnerabilidad individual. Con algunas excepciones, no parece que encontremos mayor prevalencia de psicosis -únicamente parecen presentarse más episodios breves, mayor frecuencia de síntomas psicóticos como parte de otros trastornos mentales, manteniéndose estable la prevalencia de esquizofrenia-. En algunos estudios la mayor incidencia de síntomas psicóticos se debe a sesgos diagnósticos y factores culturales -posesiones, mal de ojo-. La xenofobia y la discriminación del inmigrante pueden producir, en personas vulnerables, cuadros paranoides. Los trastornos neuróticos y afectivos en este colectivo muestran la misma frecuencia que en el resto de la población. La expresión del malestar psíquico en forma de síntomas corporales es frecuente y se interpretan como equivalentes depresivos en nuestra cultura. Las dificultades sociales, el estrés crónico y las experiencias de pérdidas afectivas les llevan a sufrir reacciones de duelo migratorio. Se extraña a la familia y los amigos, se extraña la lengua, la cultura, la tierra madre, se desciende en el nivel social y a ello hay que añadir los tremendos riesgos físicos que la mayoría de ellos, los supervivientes, han tenido que afrontar -exposición a situaciones de alto riesgo vital, malos tratos físicos y degradantes, agresiones sexuales y violaciones, robos, trabajos forzados en régimen de esclavitud, etc. Como consecuencia de estas situaciones vitales aparecen trastornos por estrés postraumático con síntomas de reexperimentación del trauma a través de sueños o recuerdos, evitación de estímulos asociados a la vivencia traumática, síntomas de hipervigilancia, insomnio, irritabilidad, embotamiento afectivo, etc. Sin embargo, solo una pequeña parte de este colectivo enferma psíquicamente y la mayoría de ellos, al constituir un grupo de población joven con gran capacidad de afrontar situaciones de estrés, logrará vivir establemente desde el punto de vista psicológico. En general, podemos afirmar que la prevalencia de trastornos mentales en la población inmigrante es similar a la de la población en general y que la utilización que hacen de los recursos sanitarios es también parecida.

El notable incremento del fenómeno migratorio en nuestro medio durante los últimos años ha supuesto un marcado avance hacia la multiculturalidad en nuestra sociedad. ¿Lograremos una sociedad estable e integrada? La eliminación, la expulsión, la separación, la 'guetización', la marginalización, ¿resolverá nuestros problemas? Sin duda, estamos ante uno de los mayores desafíos del siglo XXI que requiere importantes sinergias políticas y mucho sentido común.

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