Hacer nada
María Puente Izquierdo
Periodista
Domingo, 16 de noviembre 2025, 01:00
Recuerdo la llegada de los primeros 'realities' a la televisión y los 'castings' para aspirantes. Era habitual que se describieran a sí mismos, con una ... vehemencia cercana al paroxismo, como personas extremadamente activas, incapaces de estar ni un minuto sin hacer nada. Y lo decían con la convicción de que ese era el elemento clave para conseguir la idoneidad concursal.
Mi hermana y yo nos reíamos con complicidad y un sentimiento oscilante entre la superioridad y la inferioridad moral, sabiéndonos en las antípodas. Porque siempre se nos había dado muy bien no hacer nada. Habría que definir también qué es no hacer nada. ¿Leer una novela? Hay quien lo cree. Estoy bastante segura de que en aquella época Byung Chul Han, el filósofo alemán de origen surcoreano, premio Princesa de Asturias y autor de 'La sociedad del cansancio', habría estado muy orgulloso de nosotras.
Sin embargo, muchos años después me veo yendo a diario al gimnasio, entrenando fuerza o encaramada a la elíptica mientras leo una novela en mi Kindle, haciendo lecciones de inglés y francés en Duolingo camino al trabajo o mientras ceno, justo antes de ponerme una serie. Cena que he preparado mientras escuchaba un podcast de Cuerpos especiales, Deforme Semanal, Nadie sabe nada, Ni tan bien o Julia en la Onda. Cena que he cocinado en la recién adquirida Thermomix y que me tiene un poco descorazonada porque aún no he aprendido a aprovechar bien todo su potencial de cocinar tres platos a la vez en sus tres niveles.
No estoy sola en esto. La sociedad entera parece estar formada por concursantes con hiperactividad. Gente ocupadísima, incapaz de estar sin hacer nada. Nos esforzamos en optimizar nuestro tiempo de trabajo, de relaciones, familia, ocio. Eficacia y productividad en todos los órdenes de la vida.
No sé en qué momento me eché a perder, Han, pero estoy a una formación-píldora de ingresar en ese club de gente que repite esa frase tan irritante de 'no me da la vida'. Y todo tiene que ver con esa autoexplotación de la que hablas en tu libro 'La sociedad del cansancio' y que tras tu paso por Oviedo ha aflorado con fuerza. Dices que hemos pasado de una sociedad disciplinaria a una sociedad del rendimiento. De una sociedad de la prohibición y el 'deber' a una sociedad del proyecto, la iniciativa y la motivación y el verbo 'poder'. Si la primera crea trastornados y criminales, la sociedad del rendimiento genera deprimidos y fracasados. Sostienes que lo que de verdad nos enferma es la obligación de rendir. Y en esas estamos, explotándonos a nosotras mismas voluntariamente.
Ser a la vez explotada y explotadora de ti misma no sale a cuenta. Rebelarse contra una misma tiene poco recorrido. Hacerlo contra la jefa o el jefe, en cambio, cumplía su función de válvula de descompresión. Pero como ya no es un 'amo' externo quien nos obliga a hacer cosas, sino que lo hacemos porque queremos, entregadas a la 'libre obligación' de maximizar el rendimiento, resulta que esta autoexplotación es mucho más eficaz porque conlleva una sensación de libertad.
Después de leerte, me parece que estamos en .un buen lío, Han. Sostienes que todo esto tiene que ver con la sociedad del 'nada es imposible', del 'yes, we can', que nos induce al autorreproche destructivo. Y que la depresión es la enfermedad de una sociedad que padece un exceso de positividad. Y no quiero ser rencorosa ni desear el mal a las familias que de esa firma dependen, pero que Mr.Wonderful –haz tus sueños realidad– esté pasando dificultades suena a justicia kármica.
¿Qué hacemos para evitar la depresión, la ansiedad y el 'burnout' por exceso de autoexigencia? He encontrado respuestas en libros y declaraciones del propio Byung Chul Han. Son 'recetas' que rompen con la lógica de la productividad y el rendimiento, como por ejemplo el baile, algo único del ser humano. O el aburrimiento como algo bueno. El propio baile, dice, pudo surgir del aburrimiento que nos suponía caminar. En general, parece buena idea recuperar la capacidad contemplativa perdida, a la que debemos los logros culturales de la Humanidad. Volver a hacer cosas con las manos en lugar de limitarnos a deslizar pantallas es otra de sus recomendaciones. Y aquí coincide con mi amiga Cristina, que sin ser filósofa y a punto de abrir Sendarte, un 'atelier' para enseñar pintura y más cosas, dice en su manifiesto: quien mueve las manos, algo aquieta en su interior.
'La multitarea o multitasking no es ningún avance civilizatorio', subrayo en el ebook mientras subo la velocidad en la cinta de correr y contesto unos emails del trabajo. Ay, Han, qué difícil.
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