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Maduro, ¿amigos para siempre?

Maduro, ¿amigos para siempre?
Carlos Larrinaga
CARLOS LARRINAGA

La crisis abierta en Venezuela tras la proclamación de Juan Guaidó como «presidente encargado» tiene una dimensión que va más allá del continente americano. Lo hemos visto en la aceptación de su figura hecha por el Parlamento Europeo o por algunos miembros de la UE, entre ellos España. Pero su pertenencia a la OPEP y el ser el mayor productor de crudo de América Latina, junto a México, hacen que cuanto está sucediendo allí en estos momentos se haya convertido en uno de los elementos clave del tablero internacional. El decidido e inmediato soporte de Estados Unidos al joven político de 35 años ha despertado los fantasmas de la guerra de Irak, donde, bajo la excusa de que Sadam Hussein poseía armas de destrucción masiva y que era uno de los máximos responsables de las prácticas terroristas, la coalición liderada por Washington invadió y destrozó ese país, creando una secuela de desesperación que aún perdura. No pocos vieron entonces la mano negra del vicepresidente Dick Cheney, estrechamente vinculado a las grandes empresas petrolíferas. Evidentemente, en este caso yo no me atrevo a sostener este argumento esgrimido por la izquierda radical, pero lo cierto es que, a nivel global, no pasa desapercibido.

 

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