Locura primaveral

JOSÉ ANTONIO BARRENASocio y director general de Norgestión

Hasta hace relativamente poco uno tenía la sensación de que los acontecimientos de cualquier condición se producían de forma concatenada, a una velocidad razonable para poder ser digeridos, siempre con la certeza de que el mundo no paraba de girar y el convencimiento de que si uno se detenía podía correr el riesgo de quedarse fuera de la foto.

Lo sucedido en el recién finalizado mes de junio, tanto a nivel mundial como doméstico, nos debe hacer reflexionar y ser conscientes de que hoy en día el concepto «largo plazo» parece hacer referencia a meses, incluso mejor, semanas.

El 1 de junio y por primera vez desde la restauración de la democracia en España, Pedro Sánchez se proclama nuevo presidente del Gobierno a través de una moción de censura. Esto ocurre tan sólo nueve días después de que el Pleno del Congreso de los Diputados hubiera aprobado los Presupuestos Generales del Estado de 2018 con el apoyo del PP, Ciudadanos y, entre otros, el PNV. La sentencia del caso Gürtel propicia la caída de Mariano Rajoy y el ascenso de un Pedro Sánchez que, precisamente «no salía en la foto» desde hacía meses.

El nuevo presidente del Gobierno forma gabinete en apenas horas, con una composición que recaba si no la admiración, si el respeto mayoritario de los medios de comunicación y del resto de partidos políticos. Apenas una semana más tarde, el controvertido ministro de Cultura y Deportes, que «odia el deporte», es forzado a dimitir por un contencioso tributario del pasado, al interponer una sociedad mercantil para minorar su factura fiscal. El ministro más breve de la democracia.

El mismo día el otrora duque de Palma y yerno del Rey Emérito es sentenciado a cinco años y diez meses de prisión por su papel principal en el llamado caso Nóos, otro hecho histórico.

Y como no hay dos sin tres, en la misma jornada se produce otro hecho insólito en nuestra historia, en este caso la deportiva, y es que el guipuzcoano Julen Lopetegui es cesado como entrenador de la selección española de fútbol por anunciar su fichaje por el Real Madrid apenas 48 horas antes de su debut en el Mundial de Rusia. Circunstancia, seguramente, con un menor impacto intelectual que las anteriores situaciones inéditas pero con una innegable huella emocional. Nos guste o no, el fútbol levanta pasiones y, de algún modo, adormece a las masas.

En el ámbito internacional, la cumbre del G7 celebrada también en este mes de junio en Canadá acaba como «el rosario de la aurora» entre el siempre controvertido presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, y prácticamente la totalidad de los países allí presentes, con cruce de insultos incluidos, cómo no, a golpe de twitter.

La guerra comercial desatada por Donald Trump contra el resto del mundo en forma de aranceles y tasas a la importación en Estados Unidos ha generado un enfriamiento evidente entre los hasta ahora aliados Estados Unidos y la Unión Europea.

Unos días más tarde, en Singapur, se produce otro hecho histórico, la primera cumbre entre un presidente de EE UU y un líder norcoreano: Donald Trump y Kim Jong-un. Ambos líderes se estrechan la mano, en una escena absolutamente inimaginable a inicios de 2018. Conversan durante cuatro horas y firman una declaración conjunta, altisonante en sus aspiraciones, abriendo una nueva era, aunque sin asumir compromisos concretos.

Pero entre tanto acontecimiento extraordinario y el 'tsunami' mediático que genera, parecería que la política y la economía no fueran de la mano, y que las acciones temerarias e incertidumbres que muchas veces provocan algunos de nuestros gobernantes no tuvieran un impacto directo en la economía.

Así, los datos y las perspectivas económicas siguen siendo positivos, con tasas del paro a la baja y con crecimientos del PIB por encima del 2,5%. La mayoría de nuestras empresas cuentan con sólidas carteras de pedidos y sensaciones positivas para lo que resta de 2018, si bien actualmente la competición se juega en el extranjero y es ahí donde los márgenes se estrechan y la productividad y eficiencia productiva debe ser máxima para poder ser competitivos.

La captación de talento y mano de obra cualificada lleva ya un tiempo siendo un verdadero reto para las empresas vascas y, con los datos demográficos en la mano, parece que este problema, lejos de solucionarse, se agravará en los próximos años. Debemos buscar fórmulas que nos permitan atraer talento externo, tanto de ciudadanos vascos que se encuentren trabajando fuera de Euskadi, como talento foráneo que encuentre en Euskadi un ecosistema empresarial y social atractivo donde echar raíces y construir un futuro. Creo realmente que contamos con ingredientes y capacidad suficientes para lograrlo, incentivando a empresas y empleados cualificados para elegir nuestra opción frente a otras de las muchas alternativas atractivas existentes en los mercados.

Mientras tanto el mundo seguirá girando, a una velocidad cada vez mayor, los acontecimientos se acelerarán a golpe de tuit y los medios informativos necesitarán ampliar sus ediciones para dar cabida a tanta noticia de portada. Aquí lo dejo antes de revisar Twitter de nuevo para ver qué se le ha ocurrido esta vez al señor Trump. Otro tsunami, seguro.

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