Judith Sangerini frena a Viktor Orbán

ROSARIO MOREJÓN SABIODoctora en Psicología

Entre fuertes aplausos de sus compañeros, la eurodiputada holandesa Judith Sargentini asistía emocionada el miércoles 12 de septiembre a la reprobación que el Parlamento Europeo ha terminado aplicando al primer ministro húngaro, Viktor Orbán. Por 448 votos favorables y 197 en contra, la Eurocámara ha aprobado en Estrasburgo el informe de la parlamentaria Sargentini, del grupo Los Verdes, para abrir un proceso acerca del Estado de Derecho en Hungría.

El expediente iniciado por la institución europea atiende a la aplicación del artículo 7 del Tratado de la UE. Activado por la Comisión Europea, el Consejo o el Parlamento, en caso de «claro riesgo de violación grave» del Estado de Derecho por un Estado miembro, el artículo sanciona al socio transgresor de los valores básicos de la Unión privándole de voto en asuntos clave. La investigación de Sargentini sobre Hungría no admite dudas: desgrana las numerosas amenazas sobre la libertad de los medios de comunicación, la pérdida de independencia de la Justicia, los ataques continuados contra las organizaciones no gubernamentales, el recrudecimiento del antisemitismo y el rechazo absoluto a la acogida de migrantes atendiendo a las cuotas de la UE.

No es la primera vez que Orbán recibe amonestaciones de los organismos europeos por su abierta defensa del 'iliberalismo'. Desde su regreso al poder en 2010 al frente del soberanista Fidesz, Orbán viene potenciando su paso del centro-derecha a una derecha nacionalista e identitaria en lo religioso, étnico y cultural. El 19 de julio, Bruselas anunciaba dos medidas contra Hungría: un recurso ante la Corte de Justicia de la UE y el envío de una carta de ultimátum. En el punto de mira: la política antimigrantes implantada desde 2015 por el dirigente magiar.

En los dos meses de plazo concedidos por la Comisión, el señor Orbán no solamente ha conseguido ampliamente imponer su hoja de ruta antimigrantes en el Consejo Europeo sino que estas acciones judiciales -en curso- han complicado las relaciones en el Partido Popular Europeo (PPE), la gran familia de las derechas conservadoras europeas, de la que el Fidesz forma parte. Algunos de sus dirigentes aseguraron entonces que su 'línea roja' respecto al primer ministro húngaro se basa en su respeto a las decisiones de la CJUE. Mientras llega su resolución, ¿por qué tanto paternalismo con Budapest? ¿Por qué Manfred Weber, el jefe de filas del PPE en Estrasburgo y ahora aspirante a suceder a Jean-Claude Juncker como presidente de la Comisión, ha esquivado condenar las derivas antieuropeas de Orban? ¿Qué argumenta el presidente del PPE, Joseph Daul, próximo de Angela Merkel, para explicar la permanencia de Orban en la formación conservadora europea?

Se ha pretendido evitar que Orbán evolucione aún más hacia los extremos; más valía mantenerle en la 'familia', se engañan los responsables del PPE. La otra razón es que sus votos permiten al PPE mantener la mayoría en la Unión siempre que cuenten con algunas otras sensibilidades muy de derechas. La votación del informe Sargentini ha venido a representar una cruda confrontación en las filas del PPE. Sus líneas, inquietas entre una derecha civilizada y el magnetismo del iliberalismo, empiezan a moverse. Si el caso húngaro les viene dividiendo, la arrogancia de Orban en su visita al ministro de Interior y líder de la Liga -extrema derecha- Matteo Salvini, en agosto, unida a su desafiante intervención del martes 11 en el plenario de Estrasburgo han terminado de revolver a los populares europeos.

Orban no se compromete a cambio alguno, ni siquiera en la legislación que impide el funcionamiento de las ONG en la ayuda a los migrantes y obstaculiza el funcionamiento de las universidades extranjeras. Muy al contrario, el primer ministro acusó a la UE de «chantaje» y entiende que la Asamblea Europea «está condenando a un país, a un pueblo» a partir de un informe ultrajante que vilipendia su honor. Tras la comparecencia del 11 de septiembre, solamente los elegidos de extrema derecha y los anti-europeos parecen apoyar a Orban. En la votación del artículo 7, los populares mayoritariamente dejaron de socorrerle: nórdicos, Benelux y parte de Alemania, especialmente.

Ídolo de los grupos de extrema derecha, cabe preguntarse si el canciller húngaro cuenta con fuerza suficiente para materializar una escisión en el PPE arrastrando a las delegaciones más tolerantes con su proceder: la española, italiana y parte de la francesa. El 15 de junio, Orban celebraba la memoria de Kohl. Transmitido por el canal húngaro, el acto en la Fundación Adenauer, un think tank cristiano-demócrata, acogía el plan de futuro del político: «En lo que concierne a las elecciones al Parlamento Europeo, sería fácil establecer una nueva formación con los partidos de Europa Central partícipes de unas mismas ideas, o una formación anti-inmigración paneuropea. Tendríamos un enorme éxito». El pudor sobre la pertenencia a formaciones extremistas hace tiempo que ha desaparecido en casi todas las cancillerías europeas. ¿Frenará Sargentini un eje de Visegrado?