Sí, fue injusto el dolor causado

Nos equivocamos desde el mismo comienzo. Fue un error. Fuimos un eslabón vergonzante en la historia de Euskadi. Matar nunca estuvo bien

Sí, fue injusto el dolor causado
JOSÉ MANUEL BUJANDA

Cuando inevitablemente cambia la percepción del transcurrir del tiempo y éste no vuelve ni tropieza y ya no se siente como algo interminable, sino escaso, y por eso se ensalza el vincularse al ritmo preciso de las cosas y a su latido natural me acuerdo de todas la víctimas, absolutamente todas, las cientos de asesinadas, violentadas, secuestradas, chantajeadas, amenazadas, heridas y huídas. El pasado está escrito, podemos describirlo pero no podemos cambiarlo, el futuro, en cambio, es el mejor regalo que podemos dar a nuestros hijos e hijas, nietas y nietos, está por escribir, lo haremos entre todos, es nuestro único patrimonio intacto y esperanza. El mejor legado posible. El mejor.

La primera ETA era antifranquista, una ETA en tiempo y contexto de larga posguerra represiva y en la que yo milité empuñando las armas contra un gobierno dictatorial y totalitario heredero directo del golpe militar fascista contra la legalidad y el gobierno legítimo de la República. La primera ETA antifranquista en la que yo milité empuñó las armas, sí, contra un gobierno negador de las libertades, la democracia, los Derechos Humanos, el autogobierno, Euskadi y la cultura vasca. Éramos jóvenes, antifranquistas y abertzales. Lo hicimos pues creíamos era nuestro deber. Pero desconocíamos que lamentablemente, como en muchas ocasiones de la vida, se sabe bien cómo empiezan las cosas pero no se sabe, no, se desconocen completamente cuáles sus posteriores e insospechados desarrollos. ETA se escindió a finales de 1974 en ETA (pm) y en ETA (m).

La ETA (pm) en la que yo milité se autodisolvió hace 35 años. En ella lloré en las celdas de castigo y aislamiento de la cárcel de Pamplona el fusilamiento tiro a tiro de mi compañero y amigo 'Txiki' cantando a duras penas antes del tiro de gracia el Eusko Gudariak un 27 de septiembre de 1975. Sí, la ETA (pm) en la que yo milité y la de 'Pertur', se autodisolvió, lo repito, hace 35 años, en 1983, año en el que comenzó a actuar el terrorismo de estado de la mano de lo conocido por el GAL durante cuatro largos, impunes y sangrientos años. También lloré en mi celda de la cárcel de Carabanchel a 'Pertur' por su desaparición un 23 de julio de 1976. Tenía razón 'Pertur', el discurrir de los años han confirmado, machacona y tozudamente su lúcida y valiente apuesta política por la Política con mayúsculas. Lo asesinaron, y de paso asesinaron también expectativas inteligentes y necesarias para nuestro pueblo, fotografías superadoras y compartidas incluso, y posibles futuros esperanzadores para una Euskadi mejor para todos hace ya 42 años. En la ETA (pm) que yo milité fui consciente en mi celda de Carabanchel de que, lo repito, uno sabe cómo empiezan las cosas pero desconoce su posterior desarrollo; así, el asesinato del empresario Berazadi y, posteriormente, militantes de la UCD como Arrese y Doval entre otros, fueron brutales aldabonazos de deriva a absolutamente ningún sitio. Pero esa ETA (pm) tuvo un rayo de lucidez y desapareció para siempre.

Pero ETA (m) no se disolvió, no, se engoriló, enchuló, degeneró, prostituyó las siglas de 'Euzkadi eta Askatasuna' y cometió en democracia el irremediable, tremendo e inmenso error histórico y ético al convertir un instrumento en fin en sí mismo, atacando a un futuro de libertad y autogobierno. ETA (m) derivó bastardamente en sectaria, huída alocada y mafiosa, se convirtió en baldón sanguinario para la ética, la democracia, las libertades y el autogobierno vasco. Su ensimismado ombligo reflexivo abortó cualquier decisión inteligente cual era dar por finiquitada su trayectoria. No supo cerrar la persiana a anteponer la vida y la dignidad de las personas a sus objetivos políticos, no tuvo piedad, inteligencia y coraje democrático de parar. ETA (m) ha acabado, fracasada, impotente, rendida y vencida ante y por el devenir de la historia. La violencia terrorista en sus variadas expresiones, el matonismo político, la intolerancia sectaria, la imbecilidad y estupidez humana en suma, ha derramado sangre, distorsionado problemas, desgarrado cruelmente familias, generado odio, provocado víctimas, deteriorado la convivencia ciudadana y solapado problemas sociales. Pero su inútil discurrir se ha acabado. Tarde, inmensamente tarde. Cruelmente tarde para Santiago Oleaga, 'Yoyes', Pagazaurtundua, López de Lacalle, Buesa, Lluch, Jauregi, Goikoetxea, Doral, Priede, Carrasco, Tomás y Valiente, Iruretagoiena, Zamarreño, Pedrosa, Ordóñez, Tomás Caballero, Uria, Elexpe, Blanco, Araluce, Morcillo y otros 800 más, entre ertzainas, uniformados, civiles, niños y mayores, hombres, mujeres, camareros, trabajadores, periodistas, cocineros, funcionarios de prisiones, tenderos, jueces, cargos públicos, empresarios, políticos de aquí y allá. Tarde, sí.

Y con el viento del norte, la lluvia mojando y el olor penetrante a salitre viejo deseo más que nunca que la condición de ser humano se anteponga para siempre en Euskadi a cualquier otra consideración. Sí, nos equivocamos desde el mismo comienzo. Fue un error. Fuimos un eslabón de una cadena vergonzante para la historia de Euskadi. Nunca debió haber ocurrido. Matar nunca estuvo bien, siempre estuvo mal y el dolor causado fue injusto. Dicho esto alto y claro, hay que decir también que, con toda humildad, no se puede continuar con la misma política penitenciaria como si nada hubiera cambiado. Justicia, no venganza.

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