El tiempo es relativo
Hace cien años que se sabe que el tiempo, al revés que la velocidad de la luz, no es absoluto, sino relativo. Depende del movimiento ... de los observadores. Por eso hace siglos de la dimisión (o lo que sea) de Mazón, aunque la presentara (o lo que fuera) el lunes. Todo lo sucedido en Valencia desde la tragedia de octubre de 2024 es, asimismo, un recordatorio de algunos de los principios básicos que regulan la intervención de los ciudadanos en la vida pública en una democracia liberal.
No pocos observadores consideran que en la caída del señor de Alicante han influido las manifestaciones que se han ido repitiendo contra él todos estos meses. Cabe recordar que los ciudadanos participan en el proceso político mediante el voto, la protesta y la intervención en el debate público. Todas esas acciones se ejercitan con el fin de que las decisiones colectivas se basen en el sentir de la mayoría de la sociedad. Cuando los partidos entran en crisis y pierden representatividad, la gente sale a la calle a participar de la vida política de otra manera, a través de la protesta.
Los responsables institucionales lo saben, por lo que no es raro que caigan en la tentación de sustraer la dimensión política a las protestas, salida más fácil que atender a las razones del descontento. Los episodios de criminalización de las víctimas de Valencia son la plasmación de esta mecánica. Por eso, alguien en la posición de Mazón es capaz incluso de victimizarse a sí mismo, contra todo análisis mínimamente racional.
El tiempo es relativo, y más que ninguno, el tiempo judicial. La jueza de Catarroja maneja un tiempo implacable. Las agujas de su reloj no marcan las horas, señalan una época.
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