DE QUÉ HUYEN

ANDER IZAGIRREPLAZA DE GIPUZKOA

Aun militar le reventó una granada en su casa. Murieron tres personas, él incluido. En el piso contiguo vivía una chica de 16 años embarazada, a la que la explosión le adelantó el parto: así nació en 1982 Gustavo Adolfo Parada Morales, el pandillero que se convertiría en el enemigo público número uno en El Salvador. Su padre emigró a Estados Unidos y él creció en la pobreza extrema, con un padrastro maltratador, en un país destruido por la guerra civil, con otros chicos de la calle como únicos compañeros. A los 14 años se fue de casa y recibió una paliza de trece segundos como rito para ingresar en la Mara Salvatrucha -por fin una familia-; a los 15 le pegó un tiro en la cabeza al líder de una pandilla y se la reventó a otro con un bate de béisbol. Así se ganó su apodo: 'El Directo'.

El periodista vasco-salvadoreño Roberto Valencia investigó durante años la vida del 'Directo' y de las pandillas, para escribir el libro 'Carta desde Zacatraz'. Es la biografía trepidante de un asesino cruel, inteligente, con talento y labia, que también sirve para entender uno de los países más violentos del mundo. Lo dijo Valencia el martes, en una charla de Donostia Kultura: sirve para entender de qué huye una madre centroamericana que ahora mismo vadea un río con su bebé en brazos.

En los 70, miles de salvadoreños escaparon de la represión militar hasta Los Ángeles y allí copiaron la idea de las pandillas juveniles; en los 80, expulsados de vuelta a El Salvador, transplantaron las maras en un país sin otras estructuras sociales. Ahora la violencia pandillera empuja a más salvadoreños hacia Estados Unidos. Debería importarnos. Aunque sea para aprender cómo se hunde un país en la violencia cuando no tiene otras formas de comunidad, para entender que el muro no servirá de nada.

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