La hora de la verdad

Se acabaron los discursos de las promesas. Ahora toca cumplirlas. Es la hora de la verdad para los políticos, cuando cobra realmente significado la palabra, el discurso y el lenguaje, con la puesta en práctica de lo dicho. Porque el lenguaje natural, cuanto más rico es, permite más oratoria y también más ambigüedad e imperfección. Solo decimos lo que queremos decir cuando ratificamos lo dicho con lo hecho. Se sostiene que el habla ya es de por sí un acto. Sería más correcto llamarle 'ante acto', en espera de que el hablante ratifique con su práctica real lo comunicado. Qué saber, qué hacer y qué esperar de manera consecuente, que ya planteaba el pensamiento ético europeo desde hace siglos. Solo lo primero, la teoría, es claramente insuficiente, que no prescindible. Nos encontraremos con quienes han prometido cosas sin ninguna intención de cumplirlas. Otros, con intención de hacerlas pero muy incapaces de conseguirlas, vamos a ver si además de cínicos y voluntaristas incompetentes, queda 'alguien de palabra' por el que merezca la pena seguir teniendo cierta esperanza. Es su oportunidad, su hora. Alguien capaz de generar la ilusión de que todos los pueblos de Europa van a superar la nostalgia de una cultura que, a pesar de haber producido monstruos antidemocráticos, es capaz de vencer las tentaciones de dominio, de fragmentación o de ruptura que se ocultan detrás de dudosas y contradictorias promesas federalistas, que a todos los niveles tanto se han prodigado.

:: ANDRÉS CRESPO RICO SAN SEBASTIÁN