De Franco, el Valle y los cementerios

RAMÓN JÁUREGUIEurodiputado socialista

«El valle no se toca». Esa fue la pintada con la que me encontré en las paredes de mi casa cuando se publicó el Informe sobre la 'Resignificación del Valle de los Caídos' que había encargado a una Comisión de expertos siendo Ministro de la Presidencia de Rodríguez Zapatero. Algunos franquistas hicieron con esa frase una campaña más nostálgica que reivindicativa.

Otros querían demoler la Cruz, la Basílica y el Valle. Incluso oí hace unos días al portavoz del PNV, Aitor Esteban, expresarse en esa idea. Olvidando, entre otras muchas consideraciones, que allí se encuentran los restos de 33.000 españoles, aproximadamente 11.000 de ellos procedentes del Ejército de Franco muertos en la guerra (para quienes en su origen se construyó el Valle) y 22.000 republicanos fusilados por el régimen franquista después de la guerra, la mayoría de ellos en las paredes de los cementerios de pueblos y ciudades de toda España, cuyos restos fueron trasladados al Valle a partir 1959.

Resignificar el Valle era una operación ambiciosa, aunque quizás utópica. Se trataba de transformar ese lugar en una especie de Memorial de esa parte de nuestra historia incluyendo un museo explicativo de cómo y porqué se construyó el Valle, de quienes murieron en esa obra, de quienes están enterrados en la Basílica, etc. y reconvertir la hostería que gestiona la Comunidad benedictina, en un centro para investigadores e historiadores relacionado con la Paz.

La Plaza debería incluir un Monumento escultórico que recogiera los nombres de todos los allí enterrados (semejante, por ejemplo, al memorial de Washington por los americanos muertos en Vietnam) y el lugar se convertiría así en un espacio de memoria reconciliada y de homenaje común y por igual a todos los allí enterrados. Resignificar el Valle era, en definitiva, convertir el mayor símbolo franquista de la guerra en un memorial de Paz y homenaje a todos los que sufrieron la violencia de la contienda y la represión cruel del franquismo.

Naturalmente, eso exigía sacar a Franco de la Basílica. Su exhumación era condición necesaria de la transformación del Valle. De la misma manera que es necesario dignificar las criptas-osarios en las que se encuentran amontonados y mezclados los restos humanos, identificando en sus puertas los nombres de los allí enterrados. Información que afortunadamente poseemos.

Hasta aquí el proyecto de 2011. Cuando hice el traspaso de poderes del Ministerio a la nueva ministra y vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, le trasladé el informe y le pedí que continuaran con la gestión de la Ley de Memoria Histórica, a la que pertenecía este proyecto. Es cierto que la crisis económica de esos años no era el mejor contexto, pero lo cierto es que este informe durmió el sueño de los justos (nunca mejor dicho) en los cajones del gobierno del PP durante los seis años largos transcurridos hasta hoy.

El Gobierno de Pedro Sánchez ha priorizado la exhumación de Franco y es curioso cómo cambian los contextos y la opinión publicada. Hoy se acepta como natural y necesario lo que entonces se consideraba absurdo y «guerra-civilista». Afortunadamente parece haber consenso para hacer lo que este país debió hacer hace ya mucho tiempo.

Durante aquellos años, junto a Carlos García de Andoin, el mejor experto en este tema, hicimos gestiones diversas ante la Iglesia, la Comunidad benedictina y la familia Franco, para proceder a la exhumación de común acuerdo entre todos. No lo logramos entonces y ahora el Gobierno ha adoptado un procedimiento urgente para dotarse de apoyo legal en sus actuaciones.

Si la familia de Franco no quiere recibir los restos del dictador, el Gobierno realizará la exhumación y trasladará el féretro, probablemente, a la tumba de su familia en el cementerio de El Pardo, donde está enterrada su esposa Carmen Polo. Si se mantiene el Culto de la Basílica, el cementerio son las Criptas y en la explanada del Valle puede y debe hacerse un proyecto arquitectónico de Memorial a los allí enterrados.

Puede prescindirse del resto de actuaciones porque quizás el Valle nunca será un lugar de todos. En eso quizás fuimos utópicos al pretender que a allí acudieran todos –unos y otros– en señal de la sociedad reconciliada que ya somos. Pero por ahora, esa actuación puede ser suficiente para honrar nuestra memoria y para dar justicia y dar honor a quienes allí quedaron.

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