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Menos fertilizantes

Una prometedora nueva tecnología permite cultivos con menos fertilizantes nitrogenados

Félix Ares
FÉLIX ARES

Todas las plantas para crecer necesitan nitrógeno. Nuestra atmósfera contiene un volumen del 21% de oxígeno y un 78% de nitrógeno. Para la mayor parte de las plantas el nitrógeno atmosférico no les sirve para nada, no lo puede asimilar y por eso hay que suministrárselo a través de las raíces, por ejemplo, en forma de nitratos. La falta de fertilizantes con nitrógeno siempre ha sido decisiva para la cantidad de plantas que podían crecer. El estiércol proporcionaba nitratos a las plantas, pero el suministro era limitado, por eso se hizo importantísimo en el siglo XIX la importación de guano, es decir los excrementos de aves, ricos en nitratos. A principios del siglo XX se empezaron a explotar las minas de nitrato de Chile (¿recuerdan el famoso de anuncio de «Nitrato de Chile»?) o de Noruega. Pero no era suficiente. Por suerte, por una de esas carambolas de la vida, los explosivos y los fertilizantes son primos hermanos y en 1910, en Alemania, Fritz Haber descubre el método de crear artificialmente amoniaco, que puede usarse para ambas cosas: fertilizantes y explosivos. Gracias a ese método empezaron a fabricarse fertilizantes que salvaron de mucha hambre al mundo.

La existencia de abonos nitrogenados aumentan las cosechas, pero la mitad se desperdicia y termina contaminando ríos y océanos y en algunos caso se convierte en dióxido de nitrógeno un gas de efecto invernadero trescientas veces más dañino que el famoso dióxido de carbono. Las tecnologías que permiten disminuir el uso de abonos nitrogenados disminuyen los problemas.

Hay un grupo de plantas que se llaman fabaceas o leguminosas, que contribuyen decisivamente a nuestra alimentación, y que tienen la peculiaridad de que sacan su nitrógeno del aire. Mejor dicho, ellas no lo hacen, pero viven en simbiosis con bacterias que habitan en sus raíces («Rhizobium») y que hacen un estupendo trabajo para ellas: cogen el nitrógeno de la atmósfera y se lo hacen asimilable.

Recientemente se ha desarrollado la tecnología N-Fix cuya base es similar a la de las bacterias de las fabaceas. Han descubierto que una bacteria que vivía en la caña de azúcar, mediante la técnica adecuada, se introduce en las raíces de plantas que no son leguminosas, por ejemplo trigo, maíz o arroz y hacer que se aprovechen del nitrógeno atmosférico. Se están haciendo pruebas en varios sitios del mundo. En Vietnam han conseguido que la cosecha de arroz crezca un 15% más con un 50% menos de fertilizante. Parece una buena noticia.

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