Feliz año

La mentira vuela, la gente se aferra a las ilusiones que les consuelan y a las falsedades que confirman su visión

MARÍA MAIZKURRENA

Feliz Año Nuevo es una frase que expresa un deseo y un acto de fe. El deseo imanta nuestra voluntad con la tensión de las buenas emociones. La fórmula es en parte una fórmula mágica. Con ella compartimos la idea de que hay un año nuevo que empieza, aunque el otro famoso año nuevo, el chino, no empiece aún. Los chinos tienen año lunar, que es más corto, por lo que su día de año nuevo tiene fecha variable en el calendario gregoriano. Los musulmanes, aunque siguen el año lunar como los chinos, celebran su comienzo a la vez que conmemoran la fecha en que Mahoma tuvo que huir a La Meca, que es cuando comienza también su particular calendario. Los romanos, antes de ensanchar el suyo y adaptarlo al ciclo solar, seguían el ciclo de la luna, tenían solo 10 meses y celebraban el Año Nuevo en marzo. Los pueblos del Norte lo hacían en invierno. El año tiene su base en las observaciones astronómicas pero también tiene una parte cultural arbitraria, que quiere decir que hemos decidido dentro de un grupo cuándo empieza y cuándo termina, aunque creyendo con frecuencia y a pies juntillas que esto es algo objetivo. En la rueda del año, el año puede empezar y acabar en cualquier punto, pero si la naturaleza hizo la traslación del planeta, la naturaleza humana tiene afición a ciertos terrenos temporales para situar allí el umbral sobre cambios estacionales y climáticos. La mayoría de los umbrales, sin embargo, son claramente una construcción cultural y señalan sobre todo un orden en la organización de los asuntos humanos.

¿Por qué empieza el año en la medianoche y no al amanecer? Es posible creer en el Año Nuevo como en la existencia de un planeta que se mueve en su órbita ajeno a nosotros, como se cree en los dioses solares que, desde su origen en el Antiguo Egipto, mueren y resucitan devolviendo la luz al mundo. Entre la fe y la ilusión hay un paso muy corto y entre la ilusión y la mentira un parentesco hondo y turbio. En las redes humanas del mundo viejo la mentira se inoculaba de viva voz. Ahora hay redes digitales que multiplican su impacto. La mentira vuela, la gente se aferra a las ilusiones que les sirven de consuelo y a las falsedades que parecen confirmar su punto de vista. Terminamos 2018 con inventarios de noticias falsas, de bulos y de víctimas. El año ha girado y se ha llevado con él sus sacrificios, sus altares, sus representaciones, pero sólo lo ha hecho en la imaginación colectiva. En realidad aquí siguen sus espectros y sus consecuencias, la mayoría de sus habitantes, sus regalos y sus amenazas. A muchas familias los dioses del año muerto les han regalado un desahucio. Microplásticos ha sido elegida palabra del año, o sea, peligro del año y Curro, el perro que no existe, aún vive en las redes después de haber nacido en ellas, ya adulto, durante este 2018 que acabamos de despedir.

 

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