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Donde nace el viento

Dimitir

Se supone que hacerlo emite una especie de señal negativa, algo que no puede crear costumbre, ni servir de precedente

Sábado, 8 de noviembre 2025, 01:00

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Dimitir es un arte tan difícil que muy pocos consiguen dominarlo. Algunos lo hacen por miedo, por el 'qué dirán' tan potente, coactivo y amedrentador, ... que trueca voluntades, altera deseos y, a veces, afila la piedra roma de la humildad que yace en el fondo oscuro de todos los humanos. Otros lo hacen por orgullo. Intentan con su gesto dar coherencia a lo que ha sido durante largo tiempo su trayectoria en el desempeño del ejercicio público, de tal manera que al inicio y al término de la misma coincidan en armonía y lucidez. Pueden hacerlo por despecho, queriendo dar a los demás unas lecciones que ellos distan mucho de haber aprendido. Y, también, hay quienes dimiten por chulería, por menosprecio activo a todos, por creerse superiores e imprescindibles, vástagos de la fortuna, responsables ante Dios y la Historia, escrita por alguien muy afín, que, al final, los absolverá de sus errores o de sus crímenes, según la gravedad y el peso de cualquiera de ellos, o del conjunto en sí.

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