Faulkner

Todo pasa y todo queda. Nuestras vidas no se miden en victorias o derrotas

FELIPE JUARISTI

Salimos de una reunión de amigos. La velada fue agradable, hablamos de literatura, incluso de poesía, y terminamos ponderando la figura de Faulkner, magníficamente descrita en la película 'Amanece que no es poco'. El personaje que representa Sazatornil dice en una de las escenas, refiriéndose a un escritor que está preso por haber escrito 'Luz de Agosto': «¿No podía haber plagiado a otro? ¿No sabe que en este pueblo es verdadera devoción lo que hay por Faulkner?». No seré yo quien diga que haya que castigar de esa forma lesiva a los plagiadores, como si fuesen traficantes de moneda falsa, que como viene se va. Conocí a Sazatornil unos meses antes de morirse. Vivía en una residencia de ancianos por Vallecas, lo llevaban en una silla de ruedas y siempre estaba rodeado de gente. Es lo que tiene la vejez, que se repite y se plagia, y se lleva consigo todos los hermosos sueños de la juventud.

Paseábamos. Aunque no era tarde, dados los restrictivos horarios que rigen en la ciudad, intentábamos encontrar algún lugar abierto al público. Pronto nos dimos cuenta de que, en un bar cercano, había mucha gente arremolinada contemplando lo que una gigantesca pantalla de televisión enseñaba. Era un partido de fútbol, el Barça contra el Liverpool. Nos acercamos y vimos que había un halo de frustración en el ambiente, la desolación de la quimera. Perdía el Barça. Ignoro si había entre los parroquianos, todos ellos hombres, algún nativo de Liverpool, pero no se notaba. Demostrar su alegría por el resultado hubiera sido como mentar la soga en la casa del ahorcado, como meter los dedos en las heridas recién abiertas. El silencio era total, apenas roto por las frases lacónicas que iban deslizando los comentaristas, poco habladores, contagiados supongo por la desazón que produce una derrota tan abultada.

Acabado el partido, salieron y se dirigieron, inexpresivos, cada cual a su lecho. Las calles adyacentes estaban vacías. Llovía un sirimiri lento y las farolas dibujaban sombras exageradamente irreales en el agua que corría sobre las baldosas del suelo. Alguien de los nuestros comentó que es efímera la gloria humana, que todo pasa y todo queda. Nuestras vidas no se miden en victorias o derrotas. Que gane un equipo u otro es relevante sólo si se es aficionado al fútbol, carece de importancia desde otro punto de vista. Nadie sabe lo que quedará. Es muy probable que todo se vaya como va la lluvia, sin ruido y sin furia.