¿No hace falta el feminismo?

AMAYA QUIROGA ELIZALDE

El pasado 23 de marzo sufrí un golpe en la cabeza que me produjo una herida abierta. Esperé a la ambulancia tratando de mantener la calma. Me encontraba aturdida, con tensión y con ganas de ser atendida y saber si necesitaba puntos o no. Cuando llegó la ambulancia, dos personas de la misma comenzaron a limpiarme la herida sin previamente dirigirse a mí. Ni mirarme, ni hablarme, ni explicarme. Les hice ver que me sentía tratada como un saco de patatas y les pedí que me explicaran la lesión. Cuando me subieron a la ambulancia, un tercero (era el que daba órdenes a los otros dos) comenzó a hablarme en un tono 'jocoso'. Haciendo bromas que resultaban altamente desagradables y fuera de contexto. Yo estaba temblando (pasado el pico de adrenalina, mi cuerpo comenzaba a destensarse) y esta persona me dijo: «¿Tiemblas? ¿Que estás, nerviosa por verme? Tú también eres la mujer de mi vida». Igualmente, al enterarse de que era mi cumpleaños, me echó un guante de látex encima y me dijo «es tu cumpleaños. Toma. ¿a que ningún hombre te había regalado nunca un guantazo?». Estos son dos ejemplos de las variadas 'bromas' que tuve que escuchar. Contesté a muchas de ellas pero mi situación no me permitió defenderme mejor. Me encontraba vulnerable. Dependía de ellos para curarme y me tocaba «tragar». A toda persona que trabaje con gente: somos personas, estamos ahí. A toda la sociedad: ¿de verdad seguís pensando que el feminismo no hace falta?