No es la Europa que queremos

No es la Europa que queremos
ALEMÁN AMUNDARAIN
JOSÉ IGNACIO BUSTAMANTEPRESIDENTE DE EURGETXO-ASOCIACIÓN EUROPEISTA CIUDADANA

Hace tiempo que nuestro continente esta enfermo. Posiblemente desde las guerras de los Balcanes, cuando el sitio de Sarajevo solo se levanto con intervención exterior después de tres años. Cuando el anterior presidente de la Comisión, el señor Jean-Claude Juncker, declaraba que Europa estaba en crisis no hacia mas que confirmar, desde su posición privilegiada, lo que muchos ciudadanos pensábamos sin decirlo públicamente. Estábamos perdiendo la armazón político del proyecto continental mas ambicioso que se haya intentado nunca.

Muchos de los ciudadanos de la Unión Europea han puesto su esperanza en que sea mas que un Mercado Común, sabiendo que los países miembros no podrán resistir solos en un entorno global hostil. Y para eso se necesita recordar que la UE es, o debiera ser, ante todo una comunidad de derecho. No, o no únicamente, un zoco donde cada país defiende sus intereses por muy legítimos que sean.

«El Reino Unido primero», dijo el fanatico que acuchillo a la diputada británica Joe Cox cuando el inefable señor David Cameron decidió lanzar su referéndum para salir de la Unión. 'Italia primero» decía el señor Matteo Salvini frenando las llegadas de migrantes por 'su' Mare Nostrum. Algo parecido al 'América primero' del señor Donald Trump para mantener Estados Unidos blanco e impoluto, cuando el mismo presidente es nieto de inmigrantes.

No tienen razón pero tienen razones. Porque las migraciones necesitan un marco reglamentario que evite los abusos. Y no es normal que Grecia, Italia y España tengan que asumir solas el grueso de las migraciones que llegan a Europa.

Pero las razones que algunos utilizan van contra el derecho marítimo, el derecho humanitario, el derecho de asilo y la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea. Ante esto los aún 28 estados miembros se hacen el sordo en un estruendoso silencio.

Es difícil, claro. Tienen que ponerse de acuerdo sobre una política común de inmigración y una política común de asilo, empezando por la revisión urgente del Convenio de Dublín. Pero ya se ha visto desde 2015 que es imposible, con estados miembros negándose a implementar decisiones tomadas por mayoría cualificada o simplemente ignorándolas. Europa se mira en el espejo de sus contradicciones y toca los limites del proyecto común.

Como ciudadanos europeos, que no súbditos, no queremos esta Europa que deja ahogarse deliberadamente a hombres, mujeres y niños frente a sus costas. Y si hemos votado en mayo por Europa no queremos que sea esta Europa. Que lo sepan el Consejo, la Comisión y el Parlamento europeos.

Sabemos que es difícil gestionar humanamente las migraciones, pero es una necesidad. Siempre han existido, y acuérdense si no de la maleta de cartón de los españoles y portugueses en Hendaya en los años 50, 60.

La Unión Europea es ya una unión fragmentada. Solo algunos de sus miembros utilizan el euro. Schengen es un espacio compartido de libre circulación de una parte de los Estados miembros. Y el 'Espacio de libertad, seguridad y justicia' del Tratado de Lisboa conlleva excepciones para algunos países. La pregunta entonces es: ¿por qué no acordar de una vez entre los estados miembros que lo deseen una política migratoria y de asilo que termine con las soluciones a salto de mata, cada vez mas difíciles de alcanzar? ¿Por qué no retomar con las marinas de dichos países la operación Sofía en el Mediterráneo, como sugerido por la señora Angela Merkel, en lugar de dejar que sean las ONG las que salven vidas al precio de criminalizarse, permitiendo a nuestros mandatarios eludir su responsabilidad ?

No seamos ingenuos, los países que respetando los valores fundamentales de la Unión Europea acuerden esa política común tendrán que enfrentarse a los movimientos xenófobos nacientes o en el poder en algunos estados miembros. Pero de no tener el coraje de hacerlo verán crecer todavía mas a esa parte de la opinión publica que aplaude la discriminación del extranjero, sea este de otro continente o incluso europeo. Una imagen que, junto con una economía debilitada, nos retrotrae a los años 30 del siglo pasado. Aviso a los navegantes.