Educación, Boston como ejemplo

Educación, Boston como ejemplo
José Ibarrola
BRUNO RUIZ ARRUESocio director de Norgestión

Quien haya tenido ocasión de visitar Boston y haya podido acercarse a su biblioteca pública, habrá podido leer en un lateral de su frontispicio una sentencia grabada, que traducida, reza así: «La prosperidad común necesita de la educación del pueblo para salvaguardar el orden y la libertad». La frase recoge los pilares para cimentar una sociedad: riqueza (entiéndase para todos y no para unos pocos), orden (entiéndase como ley y por tanto igualdad), libertad y educación. Esta es la ecuación de éxito para el progreso de cualquier sociedad. No hay que darle más vueltas. Ley, libertad y educación amasan la prosperidad.

Quisiera centrarme en la educación, piedra angular sobre la que descansa esta cita bostoniana. Aquellos colonos supieron ver el papel esencial de la enseñanza y la formación de sus ciudadanos. Aquellos bostonianos emigrados de Inglaterra y otros países de Europa fueron consecuentes con esta idea. Su frase no quedó solo grabada en la piedra para recordárselo a las generaciones venideras. Conscientes de la importancia de educar al pueblo, pusieron todo su empeño en dotarse de las mejores universidades y colegios al servicio de sus ciudadanos. ¡Y vaya si lo lograron!

Han pasado ya cinco siglos desde que el Mayflower arribase a Massachussets y hoy Boston es un polo mundial del conocimiento, especialmente en el campo de la biotecnología. Detrás de sus archiconocidas universidades como Harvard o MIT existen otros centros educativos de primerísimo nivel (Tufts, Boston University, Brandeis,…) hasta alcanzar mas de una centena de instituciones universitarias. Con una población estudiantil de mas de 200.000 alumnos, la ciudad vive de y para la educación.

Atraídos por su imagen de excelencia educativa, miles de estudiantes de todo el mundo desean estudiar en sus universidades. Estudiantes de India, China, Japón, Europa o Sudamérica son captados por estas instituciones que pueden seleccionar y reclutar mentes brillantes que impulsarán el conocimiento y la innovación tecnológica del mañana. Y aunque la educación es cara -por no decir carísima-, el sistema ya se encarga de buscar la financiación económica para que este talento juvenil pueda sea atraído primero y retenido después.

Con esta masa estudiantil es preciso contar también con una comunidad de profesores ansiosos de desarrollar su labor educativa en la Atenas del siglo XXI. Boston es destino final de cientos y cientos de profesores de todo el mundo que desean echar raíces en las orillas del rio Charles por dos razones: su prestigio universitario y su calidad de vida. Pongamos por ejemplo el MIT, esta institución ha tenido como docentes a más de 60 científicos que han sido galardonados con el Premio Nobel. Este ejemplo es la punta del iceberg, lo que importa es que detrás de todos estos centros de enseñanza, hay una élite de profesores y miles de brillantes alumnos estudiando, trabajando e innovando sobre inteligencia artificial, física cuántica, neurobiología, genética o cualquier otra disciplina.

Si se goza de un sistema educativo de excelencia y de un reconocidísimo prestigio internacional, aparece el dinero. Fondos de inversión y empresas están dispuestos a invertir y financiar todo ese conocimiento que está en una fase incipiente pero que el día de mañana será susceptible de ser comercializado y útil para millones de personas. Ejemplos como el Broad Institute -genética-, el Koch -oncología- o el Stata Center -inteligencia artificial- resultan ser referentes internacionales en sus campos de investigación. Inversiones milmillonarias aterrizan en Boston para regar ese conocimiento, lo que perfecciona el circulo virtuoso, ya que muchos de los estudiantes acaban echando raíces en una tierra tan agradable como Massachussets para desarrollar su vida laboral y educar a sus hijos.

No seamos ingenuos. No crea el lector que el sistema educativo es perfecto. Es evidente que habrá defectos e injusticias en el sistema: costes universitarios prohibitivos como freno, exceso de competencia, meritocracia e individualismo desmedido… Sin embargo, el resultado borda el sobresaliente. Boston atrae talento de todo el mundo.

Como soñar no solo es gratis, sino que además es necesario y saludable, les invito a imaginar. Qué sería de nosotros si fuéramos capaces de contar con más universidades e instituciones pioneras en Europa en investigación científica. Qué sería de nosotros si fuéramos capaces de alcanzar alianzas con universidades americanas punteras que quisieran extender sus redes por Europa y nos escogiesen como su centro de operaciones. Qué sería de nosotros si el modelo universitario gozase de mayor reconocimiento y prestigio, contase con más medios, estuviese menos politizado, atrajese más talento internacional y estuviese más integrado con la investigación y la empresa.

En este sueño, yo veo nuestro territorio como un lugar más culto, próspero, libre, diverso y cosmopolita. Ojalá fuésemos capaces de hacer lo mismo que aquellos bostonianos. Ojalá nuestras instituciones, universidades y empresas puedan impulsar ideas y proyectos para luchar por convertirnos en un referente europeo en educación superior. No hay mejor inversión. Pongamos toda nuestra energía en ello: Boston como ejemplo.

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