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Editorial

Jóvenes con memoria

Es un imperativo moral y democrático evitar que el olvido del pasado prenda entre las nuevas generaciones

Martes, 11 de noviembre 2025, 01:00

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El Día de la Memoria celebrado ayer en el País Vasco volvió a constatar la necesidad de luchar contra el olvido para sanar las graves ... heridas provocadas por años de terrorismo. Es, primero, un deber con las víctimas que sufrieron esta atrocidad y padecieron años de silencio e inhibición. Y es una obligación moral con las nuevas generaciones vascas, de mujeres y de hombres, que tienen el derecho a vivir libres, sin el yugo del acoso terrorista. Por eso sigue siendo muy lamentable la desunión de los partidos políticos en una cuestión estratégica que debiera convertirse en una bandera prepolítica. La ausencia del PP del acto del Parlamento Vasco exhibe una fisura que debiera cerrarse porque es bastante más lo que une a los defensores de la democracia que lo que les separa en esta Euskadi que, por fin, vive en paz, sin la losa del fanatismo. No obstante, la memoria exigente y reparadora sigue siendo una terapia colectiva que hay que cuidar y cultivar todos los días para que no se seque. Corremos el riesgo de pasar la página del pasado sin haberla leído del todo primero, como apunta con lucidez hoy en una entrevista en este periódico la escritora Lourdes Oñederra, que se convierte en un verdadero aldabonazo moral sobre la conciencia colectiva. No podemos construir una sociedad decente sobre la desmemoria y la amnesia. Por eso sigue siendo imprescindible exigir la condena y el rechazo de cualquier terrorismo o intimidación que intente quebrar los mecanismos democráticos de decisión y que frivolice con el reconocimiento pendiente al dolor de las víctimas. No podemos cerrar las cicatrices del pasado sin un profundo ejercicio retrospectivo que incumbe, sobre todo, a quienes proporcionaron cobertura política e ideológica a ETA. También a quienes justificaron o avalaron la 'guerra sucia'. Lo crucial es la deslegitimación de cualquier violencia, tanto de imposición de un proyecto totalitario como de venganza desde las estructuras estatales. Y hacerlo extirpando por completo el odio en una sociedad que siente determinados miedos y a la que se ofrecen mensajes simplistas y falacias manipuladas. Parar la maquinaria del odio exige compromiso y valores. No podemos olvidar las lecciones de la historia, sobre todo ahora que soplan los vientos del populismo y de los extremismos. No podemos olvidar el gigantesco daño provocados por los totalitarismos. La memoria exige también estar alerta y evitar cualquier marcha atrás, sobre todo entre los jóvenes. Nos jugamos mucho.

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