Economía ralentizada

La tregua arancelaria entre EE UU y China alivia una guerra comercial cuyos negativos efectos se extienden con rapidez por la interconexión global

Editorial DV
EDITORIAL DV

Dos noticias de distinto alcance -el repunte en la recaudación para 2020 que prevén el Gobierno y las diputaciones reunidas en el Consejo Vasco de Finanzas y la tregua arancelaria pactada entre Estados Unidos y China- permitieron cerrar la jornada de ayer con un alivio en las expectativas, tanto en el ámbito más cercano como en el global. La economía mundial se encuentra inmersa en un proceso de ralentización general que desembocará en un crecimiento este ejercicio que será el más reducido de la última década. La fractura económica que se ha generado alrededor de la guerra comercial desatada entre los gigantes estadounidense y chino actúa de principal detonante de un cambio de ciclo en la economía globalizada que hasta hace algo más de un año protagonizaba un auge sincronizado, en el que el 75% de las economía planetarias se encontraban en una clara fase de aceleración. El FMI alertaba hace unos días de que el frenazo que ya se está produciendo tiene una dimensión que alcanza al 90% de esos mismos países, al tiempo que cifraba en unos 640.000 millones de euros el coste derivado de la guerra comercial hasta 2020. El recrudecimiento del pulso arancelario entre las dos mayores potencias económicas mundiales -a la espera de comprobar en qué desemboca el 'alto el fuego' acordado ayer-, el reciente anuncio de Trump de que fijará aranceles también para los sectores aeronáuticos y agroalimentarios europeos y la incertidumbre que provoca la amenaza de un Brexit incontrolado constituyen elementos decisivos para la paralización que está atenazando el crecimiento del comercio internacional. Las interconexiones de una economía globalizada explican la rapidez con la que las guerras comerciales desatadas se extienden a numerosos países -incluido España- y a sus monedas de referencia. Pero junto a todas las evidencias que concurren en el escenario, la evidencia de la ralentización no puede comportar tal alarma que inocule en la ciudadanía una sensación de desconfianza inusitada. Después de un ciclo sostenido de crecimiento tras la peor recesión en décadas, cabía la posibilidad de asistir a una fase de desaceleración como la actual. Y este nuevo necesario obliga a subrayar la importancia de corregir los factores geopolíticos que provocan incertidumbres nocivas.

Mayores recursos en Euskadi

En este contexto, y frente a los síntomas de enfriamiento que también empieza a presentar la economía vasca, la recaudación de las haciendas forales por impuestos concertados cerrará este año con un nuevo récord de 15.386 millones. Las esperanzadoras estimaciones del Consejo Vasco de Finanzas apuntan a que los ingresos tributarios mantendrán a corto plazo una tendencia ascendente merced a la mejora tanto del empleo como de los salarios y a la resistencia del consumo. La confirmación de estos pronósticos sería una prueba fehaciente de que Euskadi ha aguantado con firmeza la desaceleración global en ciernes que inevitablemente le afectará. Sí una actuación cautelosa del gasto por parte de las administraciones y la máxima eficacia en el manejo de sus recursos para fomentar la actividad en una coyuntura de incertidumbres y frenazo del PIB. El aumento de los ingresos que nutren los Presupuestos del Gobierno vasco, las diputaciones y los ayuntamientos eleva el margen de actuación para financiar sus competencias y aplicar nuevas políticas. Pero esa capacidad se ve limitada por las restricciones de la Ley de Estabilidad y su regla de gasto a pesar de que Euskadi presenta unas cuentas saneadas. Tienen razón las administraciones vascas al reivindicar que el incremento de la recaudación fiscal puede ser destinado en su integridad a inversiones productivas que impulsen el crecimiento, en línea con los emplazamientos de la Comisión Europea y el BCE a los países que puedan permitírselo. Tal herramienta permitiría a Euskadi un blindaje adicional.