¿Desaparición en el consulado?

La muerte del periodista Khashoggi en Estambul tiene una dimensión política y así lo entendieron las autoridades turcas que, desde el primer momento, acusaron a Riad del asesinato

CARLOS LARRÍNAGA Historiador

Dos hechos graves están preocupando a los organismos internacionales y a las cancillerías de un buen número de estados desde primeros de mes. Por un lado, la muerte de Fernando Albán en Caracas. Por otro, la desaparición de Jamal Khashoggi en Estambul. A pesar de ser ciudades muy alejadas físicamente, lo cierto es que lo acontecido en ellas presenta paralelismos innegables. En primer lugar, ambos eran disidentes de los regímenes de sus respectivos países. Albán era concejal del área metropolitana de la capital venezolana por el partido opositor Primero Justicia, el de Julio Borges, expresidente de la Asamblea Nacional. Khashoggi era un periodista muy crítico con Mohamed Bin Salman, el príncipe heredero al trono saudí y el verdadero hombre fuerte de Arabia en estos momentos, dada la avanzada edad del rey Salman. Sus diatribas hacia la familia real y sus objeciones al conflicto de Yemen hicieron que hace un año decidiera establecerse en los Estados Unidos, empezando a colaborar con el 'Washington Post'. En segundo lugar, los dos fueron retenidos en estancias gubernamentales. Albán en el edificio que el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin) tiene en Caracas. Khashoggi en el consulado de Arabia Saudí en Estambul.

En este sentido, no debemos olvidar que las instituciones tienen el deber de proteger la integridad y la vida de sus ciudadanos, cosa que en ninguno de estos casos se ha dado. El político fue detenido a su llegada de un viaje a Norteamérica por ser acusado de haber participado en el atentado sufrido por Nicolás Maduro en el desfile del pasado 4 de agosto. Según la versión oficial, estando en las dependencias del Sebin, se suicidó tirándose por la ventana de un décimo piso. Versión contestada inmediatamente por las formaciones contrarias al presidente, que han solicitado una investigación independiente. Algo rechazado por el fiscal general. El reportero, sin embargo, se desplazó a la misión diplomática en Estambul para arreglar sus documentos con vistas a casarse con una ciudadana turca. Tras once horas de espera, fue su prometida quien avisó de cuanto sucedía. Y en tercer lugar, estos actos luctuosos se han producido en naciones no democráticas, en las que la división de poderes prácticamente no existe y las decisiones se toman desde el Ejecutivo. En Venezuela estaríamos hablando de una república hacia una deriva dictatorial evidente y en Arabia de una monarquía absoluta de carácter teocrático.

Hasta aquí las similitudes, si bien también hay algunas diferencias. No me ha extrañado la reacción en el affaire de Albán, poniendo en solfa la mayor parte de la comunidad internacional las explicaciones dadas. Incluso, el ministro de Exteriores español, Josep Borrell, ha llamado a consultas al embajador de Venezuela. Más tibia, empero, ha sido la reacción frente a Arabia. Lo que refleja, sin duda, la soledad de Maduro y su consideración de 'apestado', cuyo crédito está por los suelos. No tanto la monarquía árabe, que, gracias al respaldo de la Casa Blanca y a los pingües negocios que ha efectuado últimamente, ha conseguido que los reproches hacia su política exterior (sostén al yihadismo en Siria e Irak, guerra de Yemen, expansión del salafismo, etc.) sean casi nulos. Es como si a nadie le conviniese llevarse mal con una tiranía que no respeta los derechos humanos, que somete a la mitad de su población a todo tipo de vejaciones y en la que las libertades son ilusorias. Pero, eso sí, con el dinero suficiente para comprar voluntades por doquier.

Pese a lo manifestado por los responsables consulares, que afirmaron que Khashoggi había salido de la legación después de hacer el papeleo, los Servicios de Inteligencia Turca afirman que el columnista fue asesinado allí mismo y que poseen pruebas de audio y vídeo. ¿Por un reloj inteligente de Khashoggi? ¿O porque tenían infiltrados? Esto último podría responder a las delicadas relaciones que mantienen Turquía y Arabia desde hace tiempo. Sea como fuere, éstas nunca han sido especialmente buenas y cabe recordar la revuelta árabe contra el Imperio Otomano en la Gran Guerra.

La República turca, además, no participó en las contiendas árabe-israelíes. Tampoco Turquía es un país árabe y es el miembro fundamental del Consejo de Cooperación de los Estados de Habla Túrquica, cuya sede está precisamente en Estambul. Finalmente, Ankara y Riad se disputan la primacía en el islam sunita, aspirando a convertirse en las grandes potencias regionales de Oriente Próximo a costa de Irán, de confesión predominantemente chiíta. La situación se ha complicado sobremanera recientemente, a consecuencia del distanciamiento entre las dos capitales por el boicot orquestado en 2017 por Arabia, Bahréin, Egipto y Emiratos Árabes a Qatar por promover el terrorismo.

En el fondo del asunto estaba la apertura de Doha hacia Teherán, algo imperdonable para Riad. Turquía ha apoyado desde entonces a Qatar, aumentando su presencia militar en el pequeño reino, desafiando de este modo a Arabia. Por lo que la muerte de Khashoggi en Estambul tiene igualmente una dimensión política que no podemos obviar y así lo han entendido las autoridades turcas, quienes, desde el minuto uno, acusaron a Riad de haberlo matado. Ya que nadie desaparece en un consulado sin que se sepa nada. A partir de aquí, y con las pruebas turcas, habrá que ver qué hacen los dirigentes mundiales. ¿Reaccionarán igual que con Maduro? Mucho me temo que no y que Mohamed Bin Salman logrará sortear esta crisis. Por ahora amenaza si hay represalias. Habrá que estar atentos.

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