Derechos y obligaciones

CARMELO CARRASCAL

Los derechos, como pasa con los más bellos ideales, arraigan en lo utópico. Jamás en la vileza (como el impulso de matar a quienes piensan diferente), tal como erróneamente presuponen algunos. Una vez que saltan sus chispas se genera en la mente una dinámica doble de ensueño y peligro, que -en efecto- puede ser muy excitante. Recuerda el fuego abrasador, incontrolable, que en cuanto prende ya fascina, pronto aturde y arrastra. Para las personas inmaduras ponerles límites a los derechos o encauzar los ideales es tan decepcionante como pinchar los globos: quedan en nada. Pero los derechos, que beben en los ideales, siempre tienen límites. Y esos límites, amigo, obligan, marcan ineludibles obligaciones.