Democracia madura

ALBERTO LEJARDI MUTRIKU

Recientemente hemos ¿celebrado? el octogésimo (80 años) del final de la Guerra Civil y si lo acompañamos con los más de 40 años de democracia, con innumerables votaciones y elecciones, algo hemos hecho bien en los últimos tiempos. Pero esta democracia que ha sido vilipendiada por todos los extremos y periferias, como menospreciada por el latiguillo de «joven democracia» por la flor y nata de la supremacía democrática innata que algunos poseen, dando a entender a todos y todas que no estaba madura, o peor incluso, que no estábamos maduros para ser demócratas. Desde una percepción muy particular y desde una óptica mas pedagógica hemos llegado a cierta madurez y consolidación. Aunque se tardará en terminar de honrar la memoria de los que padecieron la guerra fratricida, quedando pocos como quedan los que lo malvivieron, ¿cuántos se acuerdan de la guerra carlista? El tiempo lo cura todo. Si los partidos que optaron por la lucha armada, lo dejaron y quieren más pragmatismo y los franquistas han dejado la trincherita centrotaderechista para cabalgar en el populismo puro y duro en esta democracia; e incluso los catalanes, impertérritos ellos, dudan a veces de continuar en el 'Catalexit' y hay más partidos repartidos por doquier. ¿No está madura la democracia? ¿Hay otra alternativa que nos distancie menos? ¿Hay algo que concilie más? Aprovecho para decir que seguir en la confrontación perpetua, el insulto, el desprecio... es perder dinero, salud y razón. Pues eso, más Europa, más libertad y más memoria, pero menos no y nunca. Si salvamos la democracia nos salvamos la mayoría y si la mejoramos incluso todas y todos y nos sobra para exportar y acoger.