Dejemos que brille el sol en Europa

FERNANDO SAN MARTÍNDirector de Cooperación de la Diputación de Gipuzkoa (PSE)

Pocos serán los vascos, los españoles, los europeos, que no cuenten entre sus familiares con personas que han tenido que salir de su tierra escapando de la guerra o buscando una vida mejor… Quizá por ello tenemos una cierta sensibilidad ante esta trágica realidad y la necesidad de atención y asilo de las personas refugiadas, fundamentalmente sirias, que huyen de la zona de conflicto, aunque sin olvidar a las personas que se acercan a nosotros en busca de asilo por razones económicas, catástrofes humanitarias o de persecución por distintos motivos: feminicidio, religiosas, orientación sexual, político, libertad de expresión… Una realidad que nos interpela y ante la que no caben posturas ambiguas.

Por eso, alabamos la decisión del Gobierno español de acoger, por razones humanitarias a los integrantes del barco Aquarius y no podemos sino deplorar la actitud del ministro italiano Salvini y de tantos y tantos que en las redes sociales sacan lo peor del ser humano.

Pero no podemos quedarnos con esto. Este gesto tiene que servir para movilizar las conciencias y la actitud de los gobiernos europeos que han hecho caso omiso de una legalidad que obliga, a través de diversos tratados, a responder ante la situación de las personas perseguidas, de los niños y niñas en situación de extrema vulnerabilidad… porque no se nos puede olvidar que las leyes están para cumplirse y que las personas refugiadas y migrantes son titulares de derechos reconocidos por acuerdos internacionales y que obligan a esos estados y que, por lo tanto, estamos hablando de cumplimiento de la legalidad que nos hemos dado a nosotros mismos.

Por otro lado, no podemos sino lamentar que Europa no sea capaz de trabajar para alcanzar un acuerdo básico que afronte la situación teniendo en cuenta que las fronteras del Sur son las fronteras de Europa, y no sólo de los países del Mediterráneo.

Pero es que además, nos estamos jugando la propia esencia de lo que fue la idea de una Europa común salida de una de las mayores catástrofes humanitarias como fue la II Guerra Mundial, Europa se dotó de un espíritu y un marco legal que amparase la Democracia, la Justicia y por ende el Estado de Bienestar, declarándose tierra de asilo y refugio, en definitiva, el cumplimiento de los Derechos Humanos y la extensión de todos estos valores al resto del mundo.

Sin embargo, estamos asistiendo a la actitud de miseria ética y política de algunos gobiernos y movimientos europeos que están alentando un retroceso de estos valores con el uso populista de posverdades, cuando no directamente mentiras, en torno a las personas y migrantes y refugiados. Pero los datos son tozudos y nos cuentan que el 84% de las personas refugiadas en el mundo están acogidas por países empobrecidos mientras que los países ricos acogemos solamente al 16%. Por poner un ejemplo, la población del Líbano que el verano pasado visitamos para conocer la realidad de las personas refugiadas y el proyecto que la Diputación Foral de Gipuzkoa, y por lo tanto todos los guipuzcoanos y guipuzcoanas, está llevando a cabo para fomentar la educación infantil dentro de dicho colectivo, cuenta con un 30% de población refugiada siria, palestina…

Más de 700 kilómetros de vallas se están levantando por toda Europa, se están instalando concertinas (bienvenida sea la decisión del ministro del Interior de retirarlas…), la externalización de las fronteras… este intento de blindar Europa y otros obstáculos, no puede ser la respuesta que de Europa y, desde luego, no es la solución a un problema poliédrico y complejo que debemos atender desde la cooperación internacional, la justicia y la solidaridad.

Sin embargo, tenemos motivos para la esperanza. Son muchas las instituciones, los gobiernos locales, partidos políticos, iglesias, movimientos sociales, personas individuales que están trabajando en la acogida, sensibilización y lucha contra este discurso de rechazo al diferente. En este sentido, la Diputación Foral de Gipuzkoa, desde la Dirección de Cooperación al Desarrollo, está trabajando tanto en nuestro territorio como en los países que sufren la mayor concentración de personas refugiadas e incidiendo en la sensibilización de nuestra ciudadanía. Me queda una llamada a la esperanza y a seguir trabajando en construir una sociedad que no vea como un problema, sino como una riqueza la diversidad de origen, color, religión, orientación sexual, clase social, género…

Y quiero terminar recordando el poema de Rafael Amor: «No me llames extranjero porque haya nacido lejos,/o porque tenga otro nombre la tierra de donde vengo./No me llames extranjero porque fue distinto el seno /o porque acunó mi infancia otro idioma de los cuentos./No me llames extranjero si en el amor de una madre/ tuvimos la misma luz en el canto y en el beso/ con que nos sueñan iguales las madres contra su pecho».

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos