La cuadratura del círculo vicioso

La persistencia del bucle foral, al que el nacionalismo vasco se aferra para mantener su hegemonía política, solo crea fatiga y frustración

LUIS HARANBURU ALTUNA

Por mandato del Parlamento Vasco, cinco expertos se esforzaran por llevar a cabo un trabajo imposible que los partidos políticos vascos han sido incapaces de culminar. Acometerán su tarea cual sísifos que se empeñan en llevar la piedra hasta la cima para luego verlo caer, una y otra vez. La tarea de cuadrar el círculo encomendado por el Parlamento es imposible ya que el círculo en cuestión es, además, un círculo vicioso. Me explicaré. Por difícil que sea, un circulo es susceptible de cuadrarse aunque sea a martillazos, pero un circulo que no acaba de cerrase es del todo imposible de cuadrar aun recurriendo al ingenio de cinco sabios y utilizando el martillo del mismísimo Vulcano. El círculo vicioso vasco es un bucle que jamás se cerrará ya que a algunos les va la vida y la fortuna en ello. Me refiero a las élites nacionalistas vascas que se quedarían sin el pan y la sal en el caso de que su demanda ancestral e infinita se colmara por fin.

José Luis Zubizarreta se ha referido recientemente, en estas páginas, al nivel freático que recorre toda la existencia del nacionalismo vasco haciendo imposible la concordia política entre vascos y en la misma longitud de onda se expresa José M. Portillo en su último libro ('Entre tiros e historia', Galaxia Gutenberg, 2018)) cuando denomina «gen de la foralidad» a la insaciable sed soberanista del nacionalismo vasco. Ambos autores describen con sus términos el bucle que constituye el alma del nacionalismo vasco. Un bucle que, según el nacionalismo, la Constitución ampara y el Estatuto de Gernika reafirma en sus respectivas disposiciones adicionales.

La existencia del círculo vicioso nacionalista viene, en efecto, avalada por las mencionadas disposiciones, que el nacionalismo interpreta como un venero sin fin del que han de manar leche y miel por los siglos de los siglos. En el mencionado libro de J.M. Portillo se explica con rigor y minuciosidad la génesis de dichas disposiciones que alimentan el bucle nacionalista, que pretende mantener viva la foralidad como último recurso para su insaciable demanda. La anomalía de la inclusión del principio de la foralidad en la Constitución de 1978 se debe a una triple premisa que en aquella época condicionó a los constituyentes. El triple condicionamiento consistió en la hegemonía política del nacionalismo tras las elecciones de 1977, la brutal presión del terrorismo de ETA y la particular interpretación de la historia del País Vasco que el nacionalismo realiza. Fue este triple condicionamiento el que provocó la anómala inclusión de la foralidad en el texto constitucional. Dicha inclusión, además, se realizó con la finalidad de que el PNV diera su asentimiento a la Constitución, cosa que no hizo al abstenerse. La anomalía constitucional tuvo su secuela inmediata en el Estatuto de Gernika que en su única disposición adicional volvió a remachar que «la aceptación del régimen de autonomía… no implica renuncia del Pueblo Vasco a los derechos que como tal le hubieran podido corresponder en virtud de su historia». Es, otra vez, el gen de la foralidad el que sobrevive en el Estatuto y lo hace por la imposición del PNV en las negociaciones de despacho -que no parlamentarias- entre Suarez y Garaikoetxea, al que los 'expertos' se encargarían de dar forma.

La veta de la foralidad, sin embargo, quedó definitivamente agotada al culminarse en el Estatuto de Gernika lo previsto en la Costitución de 1978. El Estatuto de Gernika supuso el agotamiento del filón de la foralidad en beneficio de un pueblo vasco que se erigió en moderno protagonista de su historia al sustituir a los 'territorios' como sujeto de derechos. Un pueblo que los nacionalistas siguen entendiendo en clave étnica pero que es donde, definitivamente, se residencia la soberanía de la ciudadanía vasca. El nacionalismo todavía se resiste a ello y por ello trata aún de diferenciar entre ciudadanos y nacionales vascos. Una entelequia falsa y supremacista que pretende recuperar aquello a lo que ya renunció al constituirse en una autonomía constitucional de España. La foralidad fue en el pasado un instrumento oligárquico al que el nacionalismo aún se aferra para mantener su supremacía, pero el contexto político español ha cambiado y al menos dos de las premisas que influyeron en la inclusión de la anomalía foral en la Constitución han caducado. La primera de ellas es el fin de la coerción violenta de ETA y la segunda, referida a la mítica interpretación histórica del nacionalismo que ha caído por obsoleta; en cuanto a la tercera de las premisas, la referente a la hegemonía del nacionalismo, todavía existe una hegemonía política, aunque ésta no se corresponde con la mayoría social que aboga por una mejora del Estatuto, pero no por uno nuevo que rompa el cuadro constitucional. La nación foral es una contradicción en sus propios términos y la persistencia del bucle foral solo causa fatiga emocional y frustración. Urkullu ha dicho que se debate entre su alma de militante y su deber como lehendakari, pero bastaría con que optara por ser razonable.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos