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Los conejos domesticados

La historia de que este animal fue domesticado en la época del papa Gregorio es falsa

FÉLIX ARES

El papa Gregorio I vivió entre 540 y 604. En muchos sitios se ha escrito que la domesticación del conejo se debe a su intervención. Pero antes de contar esta historia, vayamos un poco más lejos, a la antigua Roma, allí se consideraba un plato exquisito el feto de liebre o de conejo a los que llamaban «laurices», que había que comer entero, de un bocado. La liebre era para los ricos, los conejos, procedentes de Hispania, era una comida más plebeya. Al parecer, los fenicios también disfrutaban de este manjar.

Por otro lado, el Canon 1.250, de la Iglesia Católica nos dice: «Todos los viernes de todo el año y durante la Cuaresma, son días y tiempos de penitencia en toda la Iglesia Universal» y eso significa que no se puede comer carne en ellos.

Y es aquí donde entra la leyenda del papa Gregorio Magno. Cuentan que decretó que, dado que los fetos están en el vientre de la madre dentro de un medio acuoso, se podían considerar peces; es decir, podían comerse los viernes. La leyenda continúa diciendo que ese fue el origen de la cunicultura en muchos monasterios, sobre todo del sur de Francia. Criaban los conejos para poder comer laurices los viernes y sobre todo en la larga y fría cuaresma.

El doctor Larson, de la universidad de Oxford, es especialista en la historia de la domesticación de animales. Tratando de rastrear cuando se empezaron a criar domésticamente los conejos, pidió a uno de sus estudiantes de postgrado, Evan K. Irving-Pease, que buscase los documentos referentes al edicto papal, pues podía ser un buen inicio para el trabajo. Los resultados de Irving-Pease fueron un tanto sorprendentes: tal edicto no existía.

Siguiendo rastreando Irving-Pease encontró una referencia del genetista alemán, Hans Nachrsheim, que en 1936, hablando de la domesticación del conejo, decía que San Gregorio de Tours (no el papa Gregorio) había escrito que «laurices» eran populares durante el ayuno. Realmente, lo que describe Gregorio de Tours es a una persona comiendo un feto de conejo durante la cuaresma, no dice si estaba enfermo –en cuyo caso estaría exento de la prohibición– y ni siquiera si era cristiano. En 1963, otro autor, Frederick E. Zeuner, en otro libro sobre domesticación, añade más errores, confunde a Gregorio de Tours con el papa Gregorio I. Y de aquí surge la leyenda del papa Gregorio y los conejos.

Los análisis de DNA, hechos por Larson y su equipo, sitúan la domesticación hacia el año 600 y confirma que los primeros conejos domesticados eran de Francia.

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