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Compañías tóxicas

El avance de la ultraderecha nos recuerda que hay derechos sociales en serio peligro si no reaccionamos a tiempo en defensa de una sociedad democrática

Alberto Surio
ALBERTO SURIO

La llegada de Bolsonaro a la Presidencia de Brasil ha encendido muchas alarmas. «Brasil por encima de todo y Dios por encima de todos», dijo en su toma de posesión. Con razón se ha hablado de la influencia tóxica en las redes sociales de las iglesias evangélicas para manipular la campaña hasta extremos delirantes. La extrema derecha pujante en el mundo ya tiene todo un paradigma de lo que es la reacción químicamente pura. En su discurso de toma de posesión arremetió contra la 'ideología de género', que combatirá, al igual que las ideas de la izquierda, que ha empezado a demonizar. Una de las primeras decisiones del Consejo de Ministros -la mitad integrado por militares- ha sido iniciar una purga de funcionarios 'comunistas' en el sector público. La 'depuración' de trabajadores afines al Partido de los Trabajadores del expresidente Lula acaba de comenzar. Bolsonaro, el mismo que se jactaba de haber brindado por el militar que en su día torturó a la presidenta Dilma Roussef cuando fue detenida en el tiempo de la dictadura brasileña, se convierte en un icono brutal del regreso al pasado. Indignémonos con su matonismo, claro, pero, sobre todo, preguntémonos por qué millones de ciudadanos de Brasil confían en él. Eso es lo más preocupante. La secuencia es como para echarse a temblar sobre todo si se tiene en cuenta la dimensión del gigante brasileño, su peso geográfico, demográfico y económico en América Latina. Es cierto que Donald Trump alimenta una retórica inadmisible, también, con una incapacidad primaria para gestionar los problemas complejos y basarse en respuestas simplistas. Pero Estados Unidos cuenta con una red de contrapesos institucionales que resultan, en parte, una garantía del propio sistema frente a los abusos del poder. Y en Brasil este juego de las balanzas sencillamente no existe, lo que da pie a que el escándalo por la deriva autoritaria en el ejercicio del poder tenga una base bien real.

 

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