Una combinación asesina

En el caso de la muerte de Gabriel, podemos decir que la crueldad, la maldad, el egoísmo exacerbado hasta lo criminal no es específico de hombres o mujeres, simplemente existe en determinadas personas

MIGUEL GUTIÉRREZ FRAILECatedrático de Psiquiatría de la UPV

Recientes acontecimientos relacionados con la terrible muerte de un niño de ocho años impactan y siembran la sociedad de inquietud y también de dolor. ¿Por qué puede suceder eso? ¿Por qué una mujer es capaz de matar a un niño? En términos generales, siendo así que más del 90% de las muertes criminales son responsabilidad de hombres, podemos afirmar que hay más infanticidios cometidos por mujeres que por hombres (infanticidio, en el sentido de niños asesinados). Se trata de un problema complejo y las cifras de infanticidios no se conocen bien, en parte porque algunos se confunden con accidentes y en otros los cuerpos de los niños nunca aparecen. Algunos autores han afirmado que una tendencia genética hacia la violencia y el maltrato infantil son literalmente una combinación asesina. Eso quiere decir que los homicidas, hombres o mujeres, nacen y se hacen al mismo tiempo.

Pero, sin perjuicio de factores biológicos que no es el caso tratar aquí, ‘creemos’ que las mujeres son más pacíficas, más amables, más proclives a actitudes educativas o relacionadas con el cuidado de los hijos, por eso producen gran impacto social sucesos que constatan que no siempre es así y que también hay mujeres violentas, criminales, terroristas o torturadoras. La estructura de personalidad de una homicida contiene, como sucede con los hombres, una cierta asunción de la violencia, justificándola por venganza, celos, envidias, etc. y una clara impulsividad. La crueldad, la falta de empatía, la maldad, el egoísmo exacerbado hasta lo criminal no es específico de hombres o mujeres, simplemente existe en determinadas personas.

Excluidos los casos de infanticidios relacionados con enfermedades psiquiátricas, como puede ocurrir en mujeres que sufren una depresión postparto con episodios psicóticos, o enfermedades afectivas y psicóticas graves, entre los que incluiríamos los infanticidios ‘altruistas’ para evitar eventuales males venideros al niño, lo que verdaderamente determina estos infanticidios suelen ser causas sociales, como embarazos no deseados y la intención de ocultarlo. Otra causa pueden ser los celos, odio o venganza a la pareja, chantajes económicos, mucho más frecuente en muertes causadas por hombres. En otras ocasiones, la víctima supone un obstáculo, es un estorbo, para los proyectos afectivos nuevos de la pareja.

Cada caso, cada asesino, es diferente y su conducta es consecuencia de situaciones particulares, (experiencias infantiles traumáticas, violencia intrafamiliar, graves carencias afectivas, desatención familiar, educación inapropiada, victimización sexual, todo lo cual se consideran factores gravemente distorsionadores del desarrollo de la personalidad y el desarrollo de valores), y solo investigando y estudiando los diversos factores que confluyen en él podremos establecer con un cierto criterio una explicación satisfactoria del mismo.

En los últimos años ha habido un creciente interés por la investigación de los trastornos de la personalidad, especialmente en la etiología y las bases biológicas de estos. Se consideran los trastornos de la personalidad como patrones complejos de características psicológicas, inconscientes en su mayor parte, y que se expresan en la mayor parte de las áreas de funcionamiento del individuo. Se atribuye a los trastornos de la personalidad una etiología múltiple, en donde interactúan factores socioambientales y biológicos (Millon, 1999). Hay personas que presentan afecto superficial, falta de empatía, dificultades para experimentar culpa y trastornos conductuales, (conducta antisocial e impulsividad principalmente), y relaciones interpersonales inestables y manipuladoras. Son las psicópatas. Muchas veces, estas personas no son fáciles de distinguir porque el diagnóstico se centra en la presencia de conducta antisocial, obviando el conjunto de características emocionales que subyacen a la psicopatía. Se distinguen peor aspectos más emocionales como son falta de remordimientos y sentimientos de culpa, incapacidad para querer, superficialidad emocional, facilidad de palabra, trato social aparentemente agradable e incapacidad para aprender de la experiencia, sentido desmesurado de la autovalía, etc. Personas que han sido descritas como mentirosas patológicas y manipuladoras, incapaces para aceptar la responsabilidad de las propias acciones. Personas así no solo se encuentran en las cárceles sino que también están en otras posiciones sociales más respetadas. Algunos autores las han etiquetado como «narcisistas malignos» caracterizados por una combinación de trastorno narcisista de la personalidad, comportamiento antisocial, elevada agresividad hacia los otros o hacia sí mismas, y una fuerte orientación paranoide.

En relación con las bases biológicas de la psicopatía, en los últimos años ha habido un intento por estudiar el desarrollo patogénico de la psicopatía, y diferentes estudios han aportado datos importantes sobre la implicación de algunas zonas cerebrales. Los diferentes hallazgos encontrados en muestras de sujetos con psicopatía muestran alteraciones cerebrales y disfunciones cognitivas que podrían explicar las características de dicho trastorno (alteraciones amigdalares y frontales). Se han elaborado diferentes teorías sobre la psicopatía, en un intento de comprender su naturaleza y la causa última subyacente. Sin embargo, hoy en día, en nuestro conocimiento, son los determinantes sociales, la sociogénesis, los que más influyen en la aparición de estos comportamientos.

Una vez más, confrontamos el fracaso en la socialización de la persona, que tendrá una escala de valores primitiva con poca capacidad de aplazar sus necesidades en un marco de pobreza psíquica y moral. Ahora conocemos mucho mejor las complejas interacciones entre los factores sociales y biológicos que predisponen a la violencia. ¿Pero qué podemos hacer con esa información? Pues únicamente tratar de reducir el comportamiento violento enseñando formas positivas de educación de los hijos a las familias que están en riesgo para mejorar la formación en valores y el control de los impulsos de sus miembros. ¡Educación y más educación!

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