El chuletón, sentenciado

Diego Carcedo
DIEGO CARCEDO

Tendremos que cambiar nuestra alimentación si no queremos que el cambio climático destruya al planeta. No es una broma; la cosa va en serio. Así lo advierte la ONU en un informe científico del que no se ha dejado de hablar últimamente. Ahí es nada, tener que renunciar a la carne y sus derivados y pasarnos a las verduras y las legumbres. ¡Qué razón tienen los vegetarianos y los veganos! La alerta de Naciones Unidas anticipa que deben cambiar nuestras vidas. Comer se volverá una rutina agotadora. Se acabará esperar la hora del almuerzo o la cena para disfrutar de un menú opíparo. No pretendo alarmar a nadie, pero para empezar habrá que renunciar al chuletón de buey recién sacado de las brasas.

El chuletón de nuestros sueños queda sentenciado; esperemos, eso sí, que, si no se le concede un indulto, al menos sí una prórroga de unos añitos para ir adaptando a los estómagos más exigentes a la lechuga. Yo consumo pocas proteínas, me lo dice el médico cada vez que hago un análisis, pero no por eso dejo de pensar que es una faena.

Tendrán que pasar algunas generaciones enviciadas con las hamburguesas, los perritos calientes, los cachopos tan de moda, el solomillo de cerdo... ¡Ah! Y el jamón, eso sí es fuerte. A ver quién es el defensor de la naturaleza y no musulmán que renuncia a unas lonchas de vez en cuando de Jabugo, Ibérico, de Teruel o Granada, da lo mismo, todos son espléndidos.

Las verduras, bien condimentadas, son excelentes, no lo discuto. Pero coliflor y berzas a palo seco mucho me temo que nos van a dejar el intestino hinchado pero los músculos débiles. Aparte que, ¿qué futuro espera a las vacas, el animal más señalado por el dedo acusador? ¿Soltarlas para que deambulen salvajes por los montes como si se tratase de rebecos? No veo otra alternativa.

¿Y los ganaderos? Tendrán que irse buscando otro oficio. Quizás pastorear robots, que parece que tiene un futuro prometedor, o criar insectos contra los que no hay nada escrito en el informe y los que los han probado aseguran que, a la sartén, con salsa de soja, están exquisitos. Quizás los gobiernos, que están en todo, monten enseguida cursos de reciclaje.

Pero ni los ganaderos, ni los pescadores ni los elaboradores de embutidos -adiós al chorizo de León y a la butifarra ampurdanesa-, que dicho sea de paso tampoco se librarán de la condena a la vigilia eterna, son los únicos perjudicados. Aparte, claro, de los sufridos ciudadanos de buen comer que será el colectivo más damnificados.

También los chefs, ahora que están tan de moda, verán limitada su capacidad creativa. Adiós a los concursos de cocina de las televisiones. Guisar pasará a ser otra cosa. Quizás a cortar hábilmente las berenjenas y nabos, a decorar los platos de espinacas con zanahoria y, lo peor, a renunciar a la ilusión de estrella Michelín. Parrillando chuletas de calabaza va a ser más difícil.