Caupolicán no fue vasco

En viajes como el de Urkullu a Argentina y Chile llama la atención la emoción con la que en aquellos países se vive por parte de la colonia vasca el recuerdo de sus antepasados

PEDRO JOSÉ CHACÓN DELGADOprofesor de historia del pensamiento político de la upv-ehu

Muchas son las enseñanzas a extraer de la visita de Urkullu a Argentina y Chile. El objetivo del viaje fue estrechar lazos de todo tipo, económicos y culturales principalmente, con las numerosas y activas euskal etxeak de esos países -solo las de Argentina son casi la mitad de las casi doscientas que hay por todo el mundo-, así como conocer el tratamiento del tema de la memoria en relación con los procesos de victimización allí sufridos en sus respectivos periodos dictatoriales.

Pero lo que a mí más me llama la atención en este tipo de viajes es la emoción con la que en aquellos países del otro lado del Atlántico se vive por parte de la numerosa colonia vasca -más de un 10% de los ciudadanos de Chile y Argentina tiene apellido vasco- el recuerdo de sus antepasados y sus raíces. Ellos piensan mucho en nosotros y creo que nosotros, en cambio, no pensamos tanto en ellos, y ahí reside uno de los principales hándicaps que habría que intentar equilibrar por el bien de un mutuo y eficaz entendimiento.

Quienes integran la llamada diáspora vasca en Argentina y Chile forman parte de un fenómeno de la historia que tiene que ver con los desplazamientos de población desde Europa a América, iniciados con el descubrimiento mismo y luego ampliados durante toda la época moderna hasta ahora, en dos fases perfectamente diferenciadas, una que se identificaría con la fase colonial y la otra con la de la independencia, que en el caso de Argentina y Chile fue a partir de los años 20 del siglo XIX. Todo lo cual da idea de sus profundas raíces históricas, mucho más profundas que las que la emparentan exclusivamente a fenómenos contemporáneos como la última Guerra Carlista o la Guerra Civil.

Los vascos que se instalaron en América desde el principio de la llegada de españoles nos demuestran su carácter variopinto y plural, como no podía ser de otro modo. Lo que es seguro es que Caupolicán, el caudillo araucano vencido por los españoles, fue apresado por Pedro de Avendaño, cuyo apellido les resultará familiar a quienes conozcan nuestras luchas medievales de banderizos. Y quien puso por escrito -en el famoso libro en verso 'La Araucana'- aquellas luchas entre nativos y conquistadores fue Alonso de Ercilla y Zúñiga, nacido en Madrid y enterrado en Ocaña (Toledo). A partir de aquí podríamos construir un pequeño extracto de la historia de vascos en Argentina y Chile que nos permitiría explicar todos los hechos principales de la historia de ambos países.

Por una parte, tenemos grandes personajes a los que podríamos denominar constructores de naciones. Para Chile me quedo con Pedro Aguirre Cerda, el llamado 'presidente de los pobres', que gobernó de 1938 a 1941, casado con su prima Juana Aguirre Luco. En el caso de Argentina, destacaría a Juan Bautista Alberdi Aráoz, el llamado padre de la Constitución de 1853, de carácter netamente liberal, acompañado en esta empresa por otro vasco como José Benjamín Gorostiaga.

Pero también hubo muchos vascos protagonizando otros episodios no tan edificantes, pero igualmente reales e históricos, entre los que cabe hacer dos apartados: uno dedicado a la represión de la población indígena y otro al periodo de las dictaduras del siglo XX. Por lo que respecta al primero, estamos ante un proceso particularmente destacado en el cono sur latinoamericano, y que explica la ausencia manifiesta de elemento indígena en las clases dirigentes tanto de Chile como de Argentina. Se trata de la limpieza étnica sobre las poblaciones indígenas llevada a cabo por las poblaciones inmigrantes, y que tiene sus episodios más programados e intensos tras la independencia de ambos países. En Chile lo protagonizaron personajes como Gregorio y Basilio Urrutia y Justo Arteaga, en las campañas conocidas como la 'ocupación de la Araucanía' contra la población mapuche, entre 1861 y 1883. Para el caso argentino el fenómeno paralelo será conocido como la 'conquista del Desierto', en un símil al de la conquista del oeste norteamericano y donde tuvieron participación destacada vascos de origen como Justo José de Urquiza, al que se le atribuye la paternidad de entre 105 y 114 hijos, y otros militares como Martín de Gaínza. Pero sobre todo quien más llama la atención es una mujer, Encarnación Ezcurra Arguíbel, esposa del prócer de la patria Juan Manuel de Rosas, y a quien guardaba las espaldas cuando este se iba a combatir a los indígenas, diseñando sociedades como la Mazorca, encargadas de eliminar por cualquier medio a los rivales políticos de su marido.

En cuanto a la época de las dictaduras militares del siglo XX, la abre José Félix Uriburu en Argentina en 1930, con un golpe de estado al más puro estilo fascista, quitando del poder a otro vasco, el radical Hipólito Yrigoyen. Carlos Ibarguren Uriburu fue primo del dictador y dio cobertura ideológica al golpe de estado. Y en Chile tenemos a Augusto Pinochet, Ugarte de segundo, casado con María Luisa Hiriart, vascofrancesa de origen, igual que Alfredo Ignacio Astiz, el llamado 'Angel de la muerte' de la Escuela de Mecánica de la Armada argentina (ESMA), transformada ahora en museo de la memoria, tal como tuvo ocasión de conocer Urkullu durante los primeros días de su visita.

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