No sin mis tetas
Detrás del escándalo de los cribados de cáncer de mama en Andalucía está el gran sesgo de género que existe en la atención médica a las mujeres
Carmen Muñoz López
Portavoz Berdeak Equo
Martes, 11 de noviembre 2025, 01:00
Aunque ya hace más de un mes que saltó a la luz pública el terrible caso de los cribados de cáncer de mama en Andalucía, ... hay que seguir insistiendo en ello. Esto no es algo que esté de moda, es mucho más doloroso. Este es un caso que al destaparse ya olía a podrido porque las y los responsables políticos, en vez de abordar, reconocer y poner en marcha soluciones, se dedicaron a salvar sus culos afirmando que el tema solo afectaba «a tres o cuatro mujeres» (al final 2.500) o, lo que es peor, justificar que las mujeres que se habían hecho una mamografía no fueron informadas del resultado no concluyente de la prueba «para no alarmarlas». Esto es tan insultante y de semejante calado patriarcal, que lo único que han conseguido es añadir más dolor y rabia al tratar a las mujeres como unas inmaduras que no tienen capacidad de discernimiento: paternalismo, condescendencia, violencia, desprecio...
Pura humillación.
Así que lo primero que pretendo con este artículo es poner en valor la titánica lucha que está llevando la Asociación de Mujeres con Cáncer de Mama (Amama) en Andalucía. Mujeres valientes que están peleando con uñas y dientes por sus derechos, por la verdad y por supuesto por la reparación. Su eslogan valiente y rotundo, 'Ni una teta menos', lo deja claro.
El poder de las mujeres para organizarnos es ya un hecho imparable y transformador. Allí, aquí y en cualquier sitio somos conscientes de que, todavía hoy, si no alzamos la voz para reclamar nuestros derechos se ríen de nosotras y no nos hace caso ni Dios (que evidentemente es hombre y ya sabemos cómo empezó la historia).
Porque lo ocurrido es realmente desgarrador y, sin ningún género de duda, es pura violencia institucional. Las mujeres que ya nos hemos hecho muchas mamografías –prueba dolorosa y muy desagradable– habíamos naturalizado eso de «si no le avisamos es que no hay ningún problema». Una conducta que siempre me ha chirriado y me ha provocado bastante incertidumbre, dejando pasar los días sin ningún tipo de información, hasta que evidentemente das por supuesto que todo va bien.
Aprovecho esta tribuna para que esta situación cambie rotundamente y que a todas las mujeres se nos comunique debidamente y de forma clara y accesible para todas el resultado de nuestras pruebas. Tenemos derecho a saber lo que se hace con nuestro cuerpo y no es aceptable ningún tipo de justificación para lo contrario. Activen los protocolos que hagan falta, empaticen con las mujeres y pónganse en su piel.
Porque esta situación lo único que ha provocado, como dicen desde Amama, es «más sufrimiento, más cáncer, más metástasis, más angustia y seguramente más muertes», cuando la función de los cribados es todo lo contrario: prevenir y salvar vidas.
En una palabra, miedo con mayúsculas, puro terror a perder una parte de nuestro cuerpo y, en el peor de los casos, perder nuestra vida. Mientras, la sanidad pública, que es la que tiene que salvaguardar no solo nuestras tetas sino todo nuestro cuerpo, nos desprecia a menudo fehacientemente. No crean que es victimismo. Es que la desigualdad, también en la salud, de nuevo toma protagonismo.
Porque ese es el fondo de la cuestión: el gran sesgo de género que existe en la atención médica. Y esto no es nuevo. Ya en 1991 un artículo publicado por 'The New England Journal of Medicine' ponía en evidencia las diferencias en la atención médica a hombres y mujeres con enfermedad coronaria (un tipo de enfermedad cardiovascular, principal causa de muerte de las mujeres en el mundo).
Este sesgo de género en la salud se basan en los estereotipos, la discriminación, las diferencias sociales, el acceso a los servicios médicos y en no tener en cuenta las necesidades y problemáticas específicas que tenemos las mujeres, afectando todo ello desfavorablemente a nuestra salud y a la calidad de la atención para lograr nuestro bienestar.
Es como poco sorprendente que, siendo el sanitario un sector altamente feminizado, la medicina sea profundamente androcéntrica, convirtiendo al hombre en el modelo de salud dominante e invisibilizando así las peculiariedades de las mujeres y otras diversidades corporales. Sin embargo, hay muchas enfermedades que son netamente femeninas, como migrañas, fibromialgia, endometriosis y un largo etcétera eternamente infravaloradas y puestas en tela de juicio. Me pregunto qué habría pasado si las hubiesen sufrido mayoritariamente los hombres.
Así que con el miedo en el cuerpo porque ya no nos fiamos de nada y aunque yo me crea bastante radical sin ser ni la mitad de lo que me gustaría ser, me pongo en el lugar de todas estas mujeres que ahora, y sea donde sea, están pasando por el calvario de los resultados de sus mamografías y me come la vida: por dentro y por fuera.
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