Bipartidismo imperfecto

ANDRÉS CRESPO RICO SAN SEBASTIÁN

El bipartidismo parecía tambalearse pero en apenas poco más de dos legislaturas, a pesar de las apariencias, las aguas parecen volver a su cauce por mucho que desde el falso centro se empeñen en calificar la división entre izquierda y derecha como obsoleta y por mayoritariamente ambigua que se muestre la sociedad española en lo cotidiano. Nos dividimos claramente en dos bloques, que estabilizarían mucho las cosas si se reagrupara cada cual en torno a lo fundamental. Conflictos históricos demuestran este principio. Pero continúa siendo imperfecta la tradicional división a la vista de los satélites, electoralmente inútiles, que giran en torno a los grandes planetas, aunque no es ésta la principal causa de imperfección. Por razones que merecería la pena profundizar, los nacionalismos periféricos están empeñados en complicar aún más las cosas considerándose todos ellos 'progresistas' y en ningún caso de derechas por mucho que les gusten los negocios más que a un niño las tizas de colores. Para la izquierda debería ser irrenunciable tener como protagonista del auténtico progreso a la renta del trabajo, más que otros aspectos interclasistas o sensacionalistas, por no citar el manido Estado del Bienestar al que nadie, por principio, puede oponerse. Después de mirarnos en el espejo de esa renta digamos honradamente de qué lado estamos y con quien se debe negociar, o no, para gobernar con garantías por el futuro de la clase trabajadora, que es quién termina soportando todos los gobiernos.