No banalizar la eutanasia

IZASKUN FERNÁNDEZ

Estamos en un Estado en el que decidimos democráticamente quién nos gobierna. Soy una ciudadana gran defensora de los derechos humanos y en este momento la palabra 'eutanasia' crea miedo e inseguridad. Si colaboramos a que se apruebe por políticos su aplicación, sin tener el ciudadano de a pie una clara formación sobre su aplicación de por y por quién puede realizarse un suicido asistido/una eutanasia y sin conocer una regulación legislada en la ética, moral y el delito... realmente pone los pelos de punta si un día enfermas o envejeces. El concepto eutanasia es una palabra hoy muy manoseada para la que la sociedad que no está formada para discernir sobre su contenido y no debe funcionar según quién gane las elecciones. Pensionistas y enfermos-as crónicos somos una carga económica en este escenario de crisis global, personas que han trabajado sanas merecen/merecemos una calidad de vida en el entorno familiar con un ejército de médicos y personal sanitario formado en cuidados paliativos anulando intervenir las manos de un familiar/amigo-a para que quite el sufrimiento amparado en un supuesto deseado suicidio asistido y supuestamente pedido por el enfermo o enferma que sufre a su lado. El fundamento de esta situación debe estar basado en la caridad y el amor a una persona en un momento vulnerable físico y psíquico que sufre y muy difícil de cuantificar su deseo si no es de forma profesional. No me he podido resistir a escribir esto pues realicé dentro de mi doctorado la suficiencia investigatora bajo el tìtulo 'Aprender a envejecer con calidad de vida en el Pais Vasco'. Y la palabra eutanasia/suicidio asistido es la antítesis de mi estudio. Es una reflexión que respeta la opinión de la sociedad y la de los políticos.