Aspavientos en el córner

El discurso del PP y Ciudadanos contra el acercamiento de presos les sitúa en un relato de sobreactuación y resistencia anclado en el pasado

Alberto Surio
ALBERTO SURIO

El Partido Popular y Ciudadanos han puesto el grito en el cielo tras los dos últimos acercamientos de presos de ETA a la cárcel de Basauri. No parece que el perfil de Olga Sanz y Javier Moreno –exmiembros del comando Bizkaia y disidentes de la organización terrorista– vaya a modificar esta beligerancia. Ni siquiera después de que la presidenta de Covite, Consuelo Ordóñez, asegure que esas medidas cumplen la legalidad. La clara posición de Ordóñez ha dejado al desnudo la estrategia de Pablo Casado para demonizar la política del ministro Fernando Grande-Marlaska.

Pero tanto el PP como Ciudadanos han optado por desgastar al Gobierno de Pedro Sánchez con esta denuncia de los supuestos peajes que tiene que pagar al PNV por su apoyo a la moción de censura. Poco importa que los gobiernos del PP impulsaran en su momento acercamientos de presos. Si Mariano Rajoy hubiera seguido en el poder esta retórica de altos decibelios se hubiera reconvertido en un mensaje más apaciguador. Porque tanto entonces como ahora los primeros que tienen que dar pasos para reinsertarse son los reclusos. Pero el PP y Ciudadanos hacen causa común con una evidente sobreactuación con tal de excitar el ambiente. Toda exageración resta credibilidad al argumento. En este caso, el exceso deja al descubierto una escenificación un tanto artificial del discurso político. Pero el centroderecha prefiere más madera en este momento con tal de socavar a Sánchez porque parte de una inquietante premisa: quien radicaliza el mensaje con aspavientos, gana el debate. Y en eso están.

Lo sorprendente es que Ciudadanos, que se reclama del europeísmo liberal, juegue este rol tan poco centrista y tan dogmático. En el caso del PP quizá lo hace para ocultar sus propias contradicciones. Pablo Casado estrena su liderazgo al frente de los populares sin aclarar la sombra de la polémica sobre el Máster Una investigación que le va a perseguir unos cuantos meses y ante la que se ha enrocado con un preocupante mensaje de desprecio al Poder Judicial. El PP y su flamante nuevo presidente se atrincheran en el 'sostenella y no enmendalla' de los caballeros españoles del Siglo de Oro. O sea, cero rectificación. Y cero autocrítica. Minusvaloran un dato clave: ETA se ha disuelto este año y su amenaza terrorista ha dejado de pesar emocionalmente como una espada de Damocles. Sin embargo, los populares siguen respirando por la herida de su pérdida del poder, que no esperaban. Por eso apuestan por la confrontación. Podría rentarle algún rédito electoral, pero en el País Vasco esta dinámica frontal está condenada a llevar al PP y a Ciudadanos al córner del tablero político, desde un extremo de radicalismo que no sirve para conectar con una banda de amplio espectro de la sociedad vasca. Pedir la reinserción con todo el respeto a las víctimas del terrorismo, defender el final de la dispersión y apoyar la ley del reconocimiento de los abusos policiales no significa, en absoluto, olvidar la necesidad de la memoria, ni actuar bajo ningún síndrome de Estocolmo ni exculpar o blanquear la trayectoria de quienes durante años respaldaron, jalearon o dieron cobertura a los crímenes, alentando un proyecto ideológico de imposición que negaba el pluralismo vasco. El tono maximalista del PP y Ciudadanos corre un serio riesgo de cansar a ciertos sectores de la sociedad que también reclaman a los dirigentes no nacionalistas ideas nuevas y más audaces ante una ciudadanía vasca que experimenta sus cambios sociales y culturales. Las nuevas generaciones dibujan un país bien diferente al de 1980.

Lo previsible, no obstante, es que el PP y Ciudadanos, en lugar de optar por un registro de moderación, alimenten una polarización con Pedro Sánchez que no es del todo perjudicial para el PSOE. Le puede permitir convertirse en una referencia útil para muchos nacionalistas y votantes de Podemos en unas futuras elecciones generales y transformarse en el dique de contención de una hipotética mayoría de centroderecha. Un lema electoral del PSC en 2008 resultaba ya premonitorio al respecto: «Si tú no vas, ellos vuelven».

 

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