Arigato

FRANCISCO SILVASaN Sebastián

Debía esperar al tren que me llevara a Tokio y me daba tiempo para comer. Entré en un restaurante limpio y sencillo, en una plaza frente a la estación, tomé un plato de salmón con arroz y verduras. Pagué, fui al baño y, ya en la puerta de la calle, la camarera muy sonriente me invitó con muchas reverencias a volver a la caja. Pensé que me había olvidado algo, que tal vez había dado un billete falso sin saberlo o que debía el agua, el IVA... cualquier cosa. Un tipo que debía ser el encargado hacía cuentas con una calculadora de mano y me enseñó la pantalla: 128 yens, poco más que un euro, yo seguía sin entender cuando abrió la caja y me pagó. Al parecer se habían equivocado y cobrado de más. Me pidieron mil disculpas, catorce reverencias y más saludos. En el tren y todavía sorprendido, intentaba imaginar esa escena en la Parte Vieja: un camarero saliendo de la barra del bar tras un grupo de japoneses que, por error, les ha cobrado de más...Arigato